situación en Almagro

Iglesia de San Agustín

C/ San Agustín s/n

programación de este espacio

La iglesia de San Agustín actualmente es usada por el Museo Nacional del Teatro, como complemento a su programación habitual, gracias a la cesión del Ayuntamiento de Almagro. Este sitio, declarado Bien de Interés Cultural desde el año 1993, se concibe como un espacio expositivo, organizándose importantes exposiciones durante el Festival de Almagro, aunque también han tenido lugar representaciones de teatro.

Se puede considerar como la obra cumbre del barroco triunfante en la provincia de Ciudad Real. Fue fundado por la familia Figueroa, de la que doña María, como última heredera quiso cumplir la voluntad testamentaria de sus hermanos de fundar un convento de monjes Agustinos Recoletos, fundación que pasó por múltiples problemas al interponerse los intereses de los jesuitas que deseaban impedir a toda costa la fundación.

En un primer momento el convento contó con una pequeña iglesia. Pero esta, no debió de responder a las necesidades de la comunidad, por lo que se decidió construir otra de mayores dimensiones.
Las obras debieron de comenzar a finales del siglo XVII o principios del XVIII y en el año 1707 se consagró la iglesia, aunque no se termina hasta dos años después. Se piensa que por esta época se estaba realizando la decoración pictórica que cubre la iglesia. Al cargo de las obras se cree que estuvo el agustino fray Francisco de los Santos, maestro de obras, activo en el convento en toda esta época, aunque se ignora si las trazas son obra de él o fueron enviadas desde la casa madre de la Orden.

La iglesia está ubicada junto a la Plaza Mayor y ocupa el solar del antiguo Palacio de los Fúcares, ubicación que condicionará la proyección de su fachada, ya que al estar situada en una estrecha calle, los cuerpos de las torres se reducen hasta llegar al nivel del frontón para corregir el defecto óptico que pudiera derivarse si sus proporciones hubieran sido las correctas.
Realizada en una fábrica de mampostería con fajas y encintado de ladrillo al exterior se caracteriza por un marcado juego de volúmenes, formado por nave, capillas, crucero, cúpula, torres y camarín.

La fachada retoma el modelo carmelita al que se le añaden dos torres laterales que la articulan. En el cuerpo central de la fachada encontramos la portada y la ventana que ilumina el coro entre dos grandes pilastras toscanas (de origen palladiano). Las torres formadas por diferentes cuerpos presentan en el último, huecos dobles para albergar las campanas.
La portada responde al tipo de portada-retablo, configurada por un arco de medio punto en el que se marcan las platabandas y una decoración de flores de cuatro pétalos. La factura indica que es una obra de principios del XVI reutilizada, por lo que se piensa que es el antiguo arco de entrada a palacio de los banqueros Fugger; el arco es flanqueado por columnas toscanas decoradas por grutescos en su fuste y situadas sobre altos plintos. En las enjutas del arco están labradas unas hojas en piedra caliza y más toscas que el resto de la arquitectura de la portada. El entablamento sostiene un segundo cuerpo con una edícula de frontón partido con una cruz en el centro y que sirve de marco a un relieve cubierto por una venera y representando a la Custodia llevada por ángeles con los símbolos del sol y la luna como representación de la eterna presencia de Cristo, ya que la luna es símbolo del Antiguo Testamento, desvelado por el Nuevo Testamento que se identifica con el sol, que tiene luz propia. El programa iconográfico de la portada se completa con los escudos laterales (hoy desaparecidos) que reflejaban los símbolos agustinianos, el corazón atravesado por las flechas, símbolo del amor y de la caridad y la mitra, símbolo y sostén de la iglesia.

En el interior, la planta es del tipo de iglesia-salón con unas naves laterales contraídas y resueltas en dos pisos que configuran capillas laterales en la planta baja y tribunas en la superior, decoradas con elementos vegetales y cabezas de querubines y angelotes que las sustentan.
El alzado es de pilastras toscanas que sostienen el doble entablamento para dar esbeltez a la nave y articular el muro. La nave es de cuatro tramos, con cubierta de bóveda de cañón con arcos fajones dobles y lunetos en los que se abren las ventanas y desemboca en un crucero cubierto por una cúpula sobre anillo moldurado. La cabecera de la iglesia es plana con camarín adosado por la parte posterior, a los pies se ubica el coro alto, separado de la nave por un gran arco carpanel.
El camarín como pieza independiente dentro de la iglesia, tiene su acceso desde una dependencia aneja a la iglesia y se sube a él por una escalera laberíntica; un espacio cuadrado cubierto por alegorías marianas, y abierto a la iglesia por un inmenso arco que acercaba la imagen a los fieles.

Uno de los elementos más importante de la iglesia es la decoración pictórica mural que la cubre por completo y que la configura como el referente religioso en el Barroco, del renacentista palacio del Viso.
La técnica utilizada es la pintura al temple, por lo que debido a su fragilidad algunas de ellas han llegado en mal estado. El autor debió de ser un pintor padre de la Orden, con un buen conocimiento y experiencia.

La iglesia así decorada, junto con retablos, esculturas y lienzos conseguía un ambiente perfecto del mundo barroco, en el que se perseguía dirigir la devoción del fiel que penetrase en ella, así como el sensualismo que estará potenciado por el colorido. Todo esto reflejaba la imagen perfecta de un mundo teatral en donde la escenografía envolvía, hacía sentir y educaba al espectador. Estos preceptos barrocos fueron tenidos muy en cuenta por el mentor del programa iconográfico, perfectamente estudiado desde que el fiel entra por el hastial de la iglesia hasta que se enfrenta, de forma directa, con esa meta final del cristiano que es el Tabernáculo o Santa Santorum donde se materializa la presencia de Dios.

En la realización pictórica se detectan dos momentos, el primero en el que se ejecuta la decoración de toda la iglesia, incluido el primitivo retablo fingido a base de pintura mural a la que se añadían lienzos creando un mensaje con una lectura programada y, un segundo momento, que correspondería con la segunda mitad del siglo XVIII, etapa en la que se construye el gran retablo en madera. Después con el objeto de ensamblarlo en el presbiterio, se volverá a pintar.

La lectura iconográfica de las pinturas debe hacerse comenzando por los pies de la iglesia: el sotocoro, como primer recinto está dedicado a San Agustín y la Orden Agustiniana, emparentándola con la Virgen como vehículo de redención y por tanto, como intercesora de los fieles antes Dios; la bóveda de la nave y de los brazos del crucero serán la vida de San Agustín como Padre de la iglesia y miembro ejemplar de la misma; la cúpula como símbolo celeste está dedicada a Cristo, el presbiterio, una vez remodelado se relaciona con la Virgen, titular del camarín, en sus muros y en su bóveda, con la exaltación del sacramento, bajo cuya advocación está la iglesia. Por último, al salir del templo, el fiel se enfrenta a las pinturas del coro, en lo alto, en cuya representación celeste se refuerza la exaltación de la eucaristía.
La idea iconográfica se resuelve en escenas y decoraciones, por lo tanto tendremos imágenes decorativas, simbólicas y narrativas. La intencionalidad del repertorio decorativo es la de persuadir al fiel de la importancia de la iglesia mediante el lujo y la ostentación, así se pintarán guirnaldas, frutos, jarrones, candelabros, cortinajes y toda clase de grutescos que no son elementos carentes de significado, pero aquí son utilizados como mera decoración.

Siguiendo la lectura iconográfica, nos encontramos en el recuadro central del primer tramo del sotocoro, los elementos agustinianos, el libro con la iglesia que simboliza los escritos de San Agustín serán el soporte de la labor eclesiástica y la correa o símbolo de obediencia y unión; en el segundo tramo se pinta el símbolo agustiniano del amor representado por el corazón atravesado por las flechas, ambos emblemas están rodeadas de símbolos marianos procedentes de la letanías lauretanas como son la puerta del cielo, el espejo de justicia, el lirio, la rosa, la torre de marfil, el arca de la alianza, entre otras. En la bóveda de la nave y en los brazos del crucero decorando los centros de los tramos y enmarcados por recuadros con orejeras de yeso se van a desarrollar, en lienzos, las imágenes narrativas de la vida de San Agustín: La Adoración del Santísimo Sacramento, en la que el santo aparece en el momento en el que se reveló el Santísimo, tema tomado de su libro Las Confesiones, y que tenía como misión fomentar la práctica de la comunión; la siguiente escena es El Éxtasis de San Agustín, lienzo que es una copia fiel del cuadro de Van Dyck de los agustinos de Amberes; inspirado en el mismo libro del santo, narra un éxtasis en el que el santo entra en contacto íntimo con la divinidad, así se quiere indicar que de la misma manera, el fiel entra en contacto con Dios mediante la eucaristía.
San Agustín venciendo a las herejías, reproduce la escena en la que el santo teólogo se enfrenta a los herejes a quienes convence tras refutarles sus teorías, de ahí que el santo aparezca pisando los libros heréticos; por último, la escena de Agustín en la lección magistral, el santo se dirige a los allí congregados, pretendiendo la escena revalorizar y fomentar la misión del sermón de la misa.
En el crucero, otros dos lienzos de peor calidad y peor estado representan La visión de San Agustín, que plantea el tan conocido tema de la historia de San Agustín. Este narra como un día que estaba paseando por la playa y meditando sobre el misterio de la Santísima Trinidad se encontró con una niño que trataba de meter con una concha todo el agua del mar en un pequeño agujero de la arena, ante la increpación del santo indicando al niño la inutilidad de su esfuerzo, éste le respondió que más inútil es que la inteligencia humana intente comprender el misterio de la Santísima Trinidad siendo, un alegato moral de la imposición de la fe sobre el conocimiento y la razón humana. Y por último la escena de El Lavatorio de los pies a Jesús peregrino, en la que se pretende revalorizar la faceta humilde del cristiano y la práctica de la caridad.

En la cúpula del crucero es donde comienzan a desarrollarse las imágenes dentro de un espacio simbólico, como es la cúpula como representación de la bóveda celeste; en los plementos de la bóveda, entre grutescos y en cartelas se representan las siguientes imágenes alegóricas de Cristo: el cáliz, el pez, el ancla, el cordero místico con los siete sellos del Apocalipsis, la custodia, la corona y el estandarte de la fe; en la clave de la cúpula y sujeta en la piña que la configura aparece la escultura de la paloma como representación del Espíritu Santo.

Todas estas alegorías tienen un profundo significado: el cáliz era el recuerdo de la copa utilizada por Cristo en la última cena y por tanto era el vaso sagrado que simbolizaba a la eucaristía por haber contenido la sangre del redentor.
El Concilio de Trento, que había declarado por dogma la presencia real y substancial de la sangre y la carne de Cristo en el vino y el pan consagrado en la misa, había fomentado muchísimo las representaciones de la eucaristía, en un deseo de contrarrestar las tesis de los calvinistas que afirmaban solamente la presencia virtual y no real de Jesús en la comunión.

El pez, se había convertido desde los primeros tiempos cristianos, para aquellos en los que la religión, debía permanecer oculta por las persecuciones, en un símbolo intelectual de Cristo, ya que procede de un acróstico que se consiguió uniendo las primeras letras de la sentencia Jesucristo, hijo de Dios Salvador, que en griego dan la palabra IXOYC, es decir, Pez; de este modo el pez se convierte en símbolo de Cristo y es muy utilizado por los Santos Padres como metáfora y, por su uso y repetición, llega a ser asumido por todos los fieles.

El ancora fue para los primeros cristianos un símbolo de esperanza y salvación, tanto San Pablo como, después San Agustín, la utilizan en sus escritos.

La paloma, ave utilizada ya en la iconografía precristiana, encarna, en los orígenes del cristianismo, la inocencia, la caridad, la prudencia, y es el ave que vuelve al arca de Moisés con un ramo de olivo en el pico y se constituirá en símbolo de la paz, pero a la vez es la presentación del Espíritu Santo que, según palabras de San Juan “Desciende del cielo en forma de paloma”.
El cordero místico es también un símbolo muy primitivo y reflejará el sacrificio aceptado por Cristo en aras de la redención del mundo, pero también simboliza la humildad y la pureza.

La custodia viene a reforzar el interés por la eucaristía y además nos indica un elemento muy barroco al ser un objeto de exposición de la Hostia ante el pueblo dentro de toda una intencionalidad de la iglesia de crear un espectáculo de la fe.

La corona era un elemento de triunfo en el mundo romano que es asumido por los cristianos cambiándole el significado de gloria y fama en la tierra, por triunfo de la vida eterna.

El presbiterio está decorado con una trampantojo a base de grandes cortinajes y falsas puertas entre las que revolotean ángeles; en las pilastras de acceso a él una representación de las mujeres bíblicas como alegorías de la virgen, son Jael, Raquel, Judit y Rhut, para terminar en la bóveda con una exaltación de la eucaristía en la que la custodia sostenida por angelotes en el cielo con una balaustrada abierta, se rodea por el Tetramorfos figurado por el ángel que representa a San Mateo, el águila, San Juan, el león, San Marcos y el toro, San Lucas.

Como fin del programa iconográfico, el coro, en lo alto, en el que el binomio tierra-cielo está perfectamente representado, una balaustrada fingida da acceso al espacio celeste en el que, en varias laureas, aparecen, en la central, la custodia y en las laterales las espigas y las uvas, como exaltación de la eucaristía y por tanto del santísimo sacramento.

Éste importante ejemplo del barroco, ha sufrido de manera considerable el proceso desamortizador, y hoy en día, tan sólo nos queda en pie la iglesia y alguna dependencia, que formaban parte de un interesante complejo conventual. Actualmente la iglesia, padece un importante deterioro, como consecuencia de problemas con la cimentación del edificio, que han llevado a un proceso de restauración constante en las últimas décadas del siglo XX. Hoy en día, el proceso de consolidación se mantiene de manera considerable, y el uso, como parte del Museo Nacional del Teatro, permiten que podamos disfrutar, de uno de los edificios más emblemáticos del barroco.

33 Edición del 1 al 25 de Julio de 2010
14.sep.2009      YA ESTAMOS TRABAJANDO EN LA EDICIÓN 2010.