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EL FESTIVAL DE… Hyunkyund Kim (Coordinadora de Eventos Culturales en el Centro Cultural Coreano)

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Instante del espectáculo “Auri”. Foto de Guillermo Casas

P.-¿Cuál es la primera imagen que viene a tu mente si piensas en el Festival de Almagro?

R.- Es la primera vez que acudía al festival y la sensación que he tenido al ir ha sido una explosión de colores, culturas, tradiciones, historia…

 

P.- Con motivo de la participación de la República de Corea como invitado de honor del Festival, tuvimos la oportunidad de disfrutar de un espectáculo de teatro, otro de danza y de una exposición venidos de allí, que recibimos como un primer contacto con la tradición y la contemporaneidad de la cultura coreana. ¿Qué destacarías de ellos?

R.- Sin duda alguna, destaco la buena acogida del público español a los dos espectáculos que Corea del Sur presentó en Almagro y la exposición. La cultura coreana es todavía una gran desconocida en España, y los espectáculos Auri y Sapuri-Unravel  representaron un paso más para promover la diversidad de temáticas y la fusión de tradición y modernidad que Corea del Sur posee. Además de la puesta en conocimiento de los valores más tradiciones de la sociedad coreana esta vez con la exposición: El espíritu del erudito coreano.

 

P.-La gran labor del Centro Cultural Coreano en Madrid es la de ser un lugar de encuentro para la cultura coreana y la española, ¿en qué facetas se da más fácilmente este encuentro?, ¿en qué nos parecemos los coreanos y españoles?

R.- El Centro Cultural Coreano intenta presentar la cultura coreana al resto de público a través de las actividades que imparte, como los talleres de cultura coreana, proyecciones de cine, y otros eventos. Corea siempre ha sido un país asiático con una cultura tradicional desconocida para occidente, pero el notable crecimiento económico basado en las exportaciones e intercambios en todo el mundo en los últimos 50 años, ha hecho que Corea se transforme en una sociedad dinámica y abierta. Además tanto el cine coreano como la música pop y el turismo también han aportado su granito de arena en acercar nuestro país a, no solo los españoles sino a todo el mundo occidental. Por ejemplo en los cines españoles se han estrenado hasta ahora varias películas coreanas y la verdad es que han tenido una aceptación bastante positiva, y es eso precisamente lo que buscamos a la hora de organizar un evento cultural, acercarnos al público español de una manera divertida, amena y con calidad.Los intercambios culturales entre ambos países son muy importantes para poder estrechar los lazos de amistad entre España y Corea.

Los coreanos y españoles tenemos muchas cosas en común a pesar de la lejanía de nuestros países; somos muy apasionados, nos gusta el fútbol y ambos disfrutamos de un turismo y tradiciones muy ricas.

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Algunas de las actividades que organiza el Centro Cultural Coreano en Madrid. Más info en: http://www.centroculturalcoreano.com/welcome.do

P.- ¿Se conoce España?, ¿qué imagen tenéis de nuestro país? 

R.- La imagen de España en Corea es de un país de tradición y de cultura. Corea del Sur no sólo conoce a España por el fútbol y el turismo. La Alhambra, la arquitectura de Gaudí, el flamenco, las corridas de toros, el Camino de Santiago forman parte de la promoción de España que lleva a cabo Corea.

 

P.- ¿Hay algo de lo que te hayas quedado con ganas de hacer en Almagro?, ¿alquilar una bici?, ¿disfrutar de los atardeceres o… de los amaneceres?    

R.- La verdad que me hubiese encantado tener más tiempo para disfrutar de su gastronomía, visitar los parques nacionales y naturales, la ruta de los castillos… Espero poder volver para seguir conociéndolo.

EL FESTIVAL DE… Miquel Gallardo

En el año 2000, Miquel Gallardo (Don Juan. Memoria amarga de mí 2009; Diagnóstico Hamlet2011), Olivier Benoit, Eva Hibernia y Jordi Bertran crearon “El avaro”, una hilarante y original versión de la obra de Molière en la que se sustituía el oro, como la riqueza que el protagonista ansiaba y acumulaba, por el agua. Los personajes eran grifos, cántaros, tubos, botellas y, el texto, una actualización divertida, pujante y ácida que nos remitía entonces a una realidad cada vez más preocupante en cuanto a la gestión y protección de los recursos hídricos de nuestro planeta. El espectáculo, desde entonces, ha recorrido más de 25 países, ha ganado una lista larga de premios y ha recogido el aplauso unánime de la crítica y del público.

 


Casi quince años después de su estreno, el espectáculo ha vuelto a presentarse este año en el Festival de Teatro Clásico de Almagro de la mano de la Compañía Pelmànec en colaboración con Tàbola Rassa y Miquel Gallardo nos cuenta cómo ha vivido su paso por el Festival en esta ocasión.

P.- ¿Cuál es la primera imagen que viene a tu mente si piensas en el Festival de Almagro?

R.- De noche… Gente en la calle. Terrazas abarrotadas de personas que comentan, que hablan de teatro. Alegría. Y calor, sí, pero calor humano también. Espacios a reventar, fiesta, vida. De día… Tranquilidad infinita, quietud, soledad, recogimiento. Luz… mucha luz.

P.- ¿Qué reacción percibiste en el público del Festival ante vuestro teatro de objetos en esta ocasión?, ¿distinta a la de hace quince años cuando entrenasteis este mismo espectáculo?  
R.- Quince años después, el público continúa ávido de emociones, de escuchar historias, de  sumergirse en el juego del teatro, de creer que existen otros mundos, de saberse espectadores del arte efímero, de dejarse seducir. Los objetos ofrecen un juego divertido porque son metáforas dinámicas que continuamente proponen imágenes que evocan situaciones cotidianas. Ese descubrir qué hay detrás de un objeto, el por qué de su elección y el mensaje que nos transmite con solo su presencia en tal o cual escena. El objeto invita al espectador a estar vivo, a participar activamente del hecho teatral. En este sentido, el público de Almagro recibió el espectáculo con la certeza de que va a ver algo especial, con ganas de pasárselo bien. Muchas personas conocían ya la obra y eso creó un ambiente de especial relajación, como quien escucha la historia del abuelo sabiendo que al final quedará fascinado por el viaje.
P.- ¿Hay algo de lo que te hayas quedado con ganas de hacer en Almagro?, ¿alquilar una bici?, ¿disfrutar de los atardeceres o… de los amaneceres? 
R.- Como siempre, me quedé con ganas de ver teatro. Pero la premura de tiempo hace que sea imposible. Espero poder hacerlo algún día y pasar unas jornadas como espectador disfrutando de buenos espectáculos.

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ENCUENTROS EN LA PRIMERA FASE, por Fernando J. López

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Fernando J. López y Quino Falero en el III Encuentro Intl. de Gestión Teatral_ Foto de Guillermo Casas.

El proceso creativo está lleno de momentos que, de un modo u otro, definen y alteran nuestra búsqueda. La invitación del Festival de Almagro a participar en los encuentros con gestores ha supuesto un punto de giro en ese camino que Quino Falero –como director- y y yo mismo –como autor y adaptador- llevábamos ya unos meses transitando juntos. Una invitación que nos permitía contar nuestro proyecto, por aquel entonces aún embrionario, a los representantes de diversos teatros internacionales, obligándonos así a definir aún más nuestras líneas y horizontes y, sobre todo, a buscar los puntos de conexión entre nuestra aventura, que verá la luz en 2016, y la sensibilidad de países tan diferentes como los que se congregaron durante esas mañanas en Almagro. El evento no solo era una opción de internacionalizar nuestra propuesta, sino –más aún- un aliciente para seguir avanzando en ella, permitiéndonos descubrir aristas que, hasta ese momento, seguían en incierta penumbra.

 

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María Gostynaska, Malgorzata Zak, Rocío Vidal y Fernando J. López_ Foto de Guillermo Casas.

La organización del acto –magnífica en su coordinación y en su ejecución- permitió que compartiéramos proyecto e inquietudes con quienes vinieron de Polonia, Francia, Inglaterra, Argentina, Colombia o Uruguay a escucharnos. Tanto a Quino como a mí nos resultó muy motivadora la reacción de cada uno de los gestores ante nuestro proyecto: resultaba alentador descubrir inesperados y múltiples puntos en común entre lo que nosotros pretendíamos contar y la visión que ellos defendían de lo que ha de ser el teatro clásico. El tiempo destinado a cada encuentro, limitado y rigurosamente cronometrado, obligaba a la concisión y daba lugar a un curioso baile de directores, actores  y dramaturgos que, de mesa en mesa, contábamos en qué andamos trabajando y cuál pretende ser nuestra aportación a ese inagotable legado que son los clásicos. Un baile que, además, nos dejó tiempo para compartir café, impresiones y alguna que otra terraza al sol de Almagro con compañeros de oficio y lucha en esta batalla siempre quijotesca de la cultura.

En eso residió lo mejor del evento, en su naturaleza de lugar de enlace e intercambio. Porque lo más valioso de la experiencia fue la posibilidad de compartir la visión de nuestros clásicos desde perspectivas tan diversas en lo lingüístico, en lo artístico y en lo emocional. Desde la experiencia de quienes llevan años programando a los autores y obras de nuestro repertorio áureo en países distintos al nuestro y la labor de quienes los estudiamos, trabajamos y revivimos en nuestro quehacer artístico y académico. Enriquecedora invitación que, entre sus efectos secundarios (o primarios), nos provocó unas irrefrenables ganas de seguir inventando y creando a partir de ese mundo universal que nos abre la literatura clásica. Un mundo que, como quedó claro en esos encuentros, no necesita más intérprete ni traducción que nuestra común –y humana- sensibilidad.

Fernando J. López

 

 

MUCHAS CALLES EN GRIS

De calles, encuentros y colchones

MUCHAS CALLES EN GRIS

Es verdad. La vida y, concretamente, la compra de un colchón te lleva por caminos inescrutable. Te obliga a dejar atrás la periferia de tu ciudad, en la que tu todavía te mueves con cierta solvencia para adentrarte, volante en mano, en territorios donde los barrios dormitorio han crecido hasta  envolver un polígono industrial.  Espacios tan desconocidos que ni siquiera el GPS es capaz de ubicar con exactitud el punto en que estás o al que vas. Es entonces cuando, con la cabeza por fuera de la ventanilla, intentas dar caza a alguno de los escasos transeúntes. Preguntas y te esfuerzas por memorizar las únicas indicaciones con las que puedes contar para llegar a tu destino:

“Lo mejor es que siga recto y que coja la siguiente a la derecha, que es la calle S, luego siga de nuevo derecho hasta salir a la calle C y luego la primera no, la segunda es la calle F y nada, como a cincuenta metros está la fábrica de colchones que busca”. Mientras tratas de retener: “recto, a la derecha, a la derecha y luego recto”; otro pensamiento se cuela de por medio: “si el nombre de las calles refleja la manera de ver el mundo de aquellos que les han dado el nombre, ¿dónde tendrían la cabeza los que pusieron éstos?, ¿y qué trataban decir o hacer?, ¿qué sentido tenía?”

Hasta ese momento había alimentado la certeza de que algo tan cotidiano como los nombres de las calles nunca son azarosos. Siempre tuve presente un caso concreto de una calle que podría estar en Alcalá de Henares, en Sevilla o en El Toboso; pero estaba en una ciudad tan remota para nuestros ojos peninsulares como Montevideo. Allí, en un barrio donde coinciden las grandes avenidas con las tranquilas calles de pequeñas casas residenciales donde la vida pasa a la sombra de los paraísos y los fresnos, encontramos nombre como “Dulcinea”, “La Galatea”, “Sancho” o “Don Quijote”; palabras que los residentes de estas calles escriben una y otra vez en formularios y solicitudes y repiten en innumerables ocasiones al fontanero, al antenista, al compañero de curso, o a los primos que vienen de paso después de años. Palabras que se repiten y ya sólo son sonidos más o menos fáciles de transmitir por teléfono al operador que no nos oye:

“- Calle de la galatea

– ¿Cómo ha dicho?, ¿la gata… lea?”.

Pero nos consta que para algunos residentes la curiosidad puede más que la rutina. A estos residentes les da por buscar y averiguan que La Galatea es una obra de Miguel de Cervantes, el escritor del Quijote y se pregunta ¿qué se puede escribir después de cinco años y medio de reclusión en Argel? Y es que el gran descubrimiento que nos ofrecen los clásicos tendrá que ser desvelado por cada uno de los residentes. A través de la lectura, cada uno hará su propio hallazgo. Podrán ser las palabras de amor. Es posible que sientan en las páginas de La Galatea el idealismo drástico de su autor y cómo las historias de amor de su obra suceden en un mundo perfecto. En un mundo como debe ser. O pueden sentirse identificados con el espíritu independiente de su protagonista femenina. Puede ser que algunos hagan suyo el rechazo al yugo amoroso de Galatea. Cada uno de los residentes que se acerquen a la obra hará propio y absorberá para sí un aspecto distinto, da igual que sea un residente de una calle de Alcalá de Henares, de Sevilla, de El Toboso o de Montevideo, cualquiera puede encontrarse con un clásico, siempre y cuando no vivas en la calle F.

 

Elena Mª Sánchez