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El abridor de cuellos. Tendencias de moda y Barroco

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Foto de Sacha Goldberger

El 12 de marzo de 1623, Miércoles de Ceniza, una tropa de alguaciles salió a las calles de Madrid armados con tijeras. Su cometido: no dejar cuello de lechuguilla vivo y para ello hubo que recurrir al terror y a la fuerza, causando en consecuencia la agitación popular. Estos cuellos, llamados de lechuguilla, se confeccionaban formando unas ondas que la asemejaban a las hojas de las lechugas rizadas, se azulaban con unos polvos especiales que venían de las Indias holandesas, de elevado coste. Con el aumento del tamaño apareció el interés por mantener no solamente la ‘blancura’ del material sino se requirió de su almidonado. A cada pliegue se le denominó ‘abanillo’ o ‘abanico’ y en los extremos había unos cordeles trenzados puestos de tal modo que al tirar de ellos se conseguía juntar los abanicos y al soltar se aflojaban.

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Foto de Sacha Goldberger

La pragmática que entró en vigor en 1623 también incluía la prohibición del oficio de “abridor de cuellos”. No eran sastres ni costureros, tampoco pertenecían al gremio de los peluqueros, eran hombre y mujeres que tenían como oficio ahuecar los pliegues de los cuellos alechugados y que surgieron precisamente debido a las grandes dimensiones que llegaron a adquirir y a la necesidad de mantenerlos blancos, planchados y rígidos, lo que exigía una gran habilidad y procedimientos especiales que llegaron a constituir un arte. A partir de aquel día se enfrentaban a la vergüenza pública y al destierro.

Sin embargo, estos engorrosos adornos gozaban como pocos del favor de los elegantes de la época. Desde 1619 se venía declarando la guerra a estos cuellos imposibles que llenaban las tiendas madrileñas de productos foráneos procedentes de Milán, Florencia, Holanda e Inglaterra ya que la industria de la capital no era capaz de surtir de las materias primas que se requerían para fabricar estas piezas. Pero las pragmáticas que los prohibían se convertían en papeles inútiles dentro de la enorme maquinaria burocrática del rey Felipe III.

La corte española del Siglo de Oro se ofrecía al mundo y al resto de los españoles como un espectáculo teatral. Interpretaba el papel de una nación que todavía se creía opulenta, triunfante y segura de su destino único. Este mensaje se transmitía tanto a través de las grandes exhibiciones del poder, como de lo más pequeño: desde los incontables detalles protocolarios hasta los accesorios masculinos y femeninos. Desde la cosmética a la peluquería, desde el calzado a los guantes y cuellos. Componían la vestimenta de los hombres y mujeres de corte quienes no estaban dispuestos a renunciar a los aderezos que los caracterizaban. El espectáculo debía continuar.

Texto de Elena Mª Sánchez 

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Las artes y los versos nos ayudan a tejer la paz en el mundo

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La Fundación Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro lanzó a las instituciones participantes la propuesta de trabajar el texto cervantino de El cerco de Numancia desde la estética de la no violencia, siendo uno de los siete proyectos llevados a cabo por la Fundación a lo largo de 2016 con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes reunidos bajo el lema “Acércate a Cervantes”.  El proyecto que empezó a trazarse hace casi un año en la sede madrileña de la Fundación, se materializará el próximo 21 de septiembre a las 18h. (hora local) con el estreno en la Plaza Bolívar de Bogotá del espectáculo Tejiendo la paz, dirigido por Natalia Menéndez en cuya dramaturgia ha contado con la colaboración de Elena Mª Sánchez, miembro del equipo del Festival.

Con música, proyecciones multimedia, Tejiendo la paz, es una puesta en escena con más de 120 artistas que invitará a los colombianos a tejer la paz y a reflexionar sobre la trascendencia del momento histórico que vive Colombia, con la firma formal de la paz entre el Gobierno y las FARC, que pondrá fin a 52 años de conflicto armado. Con este espectáculo, el Ministerio de Cultura de Colombia y el Teatro Colón, único teatro de carácter nacional y principal centro de producción de las artes escénicas y musicales de Colombia, se suman a la conmemoración del Día Internacional de la Paz establecido por la ONU.

Si bien Tejiendo la paz comparte el eje argumental de El cerco de Numancia de Cervantes, el espectáculo  cuenta en una pluralidad de voces ya que se han integrado fragmentos de obras de Eurípides, Aristófanes, Gabriel García Márquez, María Zambrano y de los poetas colombianos Carlos Castro Saavedra, Miguel Rocha Vivas, Jotamario Arbeláez, Alfredo Vanín, Hugo Jamioy Juagibioy, Yenny Muruy Andoque y Miguel Ángel López-Hernández.

Junto a los actores participarán 20 miembros del laboratorio Victus, formado por víctimas del conflicto armado: civiles, militares en retiro, desmovilizados de la guerrilla y desmovilizados de las autodefensas, y quienes bajo la iniciativa de Casa E. Social, llevan a cabo una propuesta pedagógica y metodológica que utiliza los lenguajes del arte con el fin de contribuir a la reconciliación y a la construcción de la paz.

Tejiendo la paz, alentada por el mensaje cervantino de esperanza en un futuro en paz y libertad, en el que el destino colectivo de un pueblo puede ser transformado por el propio pueblo y de condena a la guerra capaz de arrasar con todo (amistad, amor, el propio futuro…),  nos llama a mirar cara a cara al otro para mirar juntos hacia un futuro nuevo lleno de nuevas palabras, nuevas miradas, gestos nuevos, es decir, una tarea de creación que hacer juntos.

 

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Ensayando un clásico: el humor en el Siglo de Oro español

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Hay un principio antropológico por el cual la risa y la alegría cuando se comparten, aumentan. ¿Por qué? Ésa sería una buena pregunta si tuviéramos a mano a un antropólogo, pero como no hay ninguno en la sala, debemos asumir que la risa es contagiosa y difusa, indefinida, borrosa. Seas más de reírte con Amanece que no es poco, con La venganza de Don Mendo,  o con las ocurrencias de Clarín en La vida es sueño, debes saber que reír proporciona un masaje a todo el cuerpo, aleja temores, elimina toxinas, mejora la respiración y fortalece el corazón.

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En las obras de nuestro teatro barroco encontramos, mayoritariamente, lo trágico y lo cómico mezclado, pues era el gusto del público y era como la vida barroca misma, que diría un antropólogo. Sin embargo, los chistes, las salidas ingeniosas de los personajes, (en especial del gracioso), los argumentos de entremeses y loas, el delirio de las comedias burlescas… relucen con tanta fuerza, que merecen ser los protagonistas de la 3ª Edición de Ensayando un clásico, para poner de manifiesto el ingenio humorístico de nuestros autores del Siglo de Oro.

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Este es el desafío que lanzamos este año y, que no es pequeño, pues si la risa es difusa e indefinida, los mecanismos teatrales que la provocan son escurridizos y en ocasiones casi intuitivos, por lo que solo la experiencia nos pueden ayudar a transitar por ese sendero. Como decía, Tony Leblac, “hacer reír es una cosa muy seria”; por ello, volveremos a rodear a los participantes de Ensayando un clásico de los más importantes profesionales de las artes escénicas quienes, mediante sesiones de trabajo conjuntas e individualizadas, conducirán a los participantes a través del proceso de creación y elaboración de un proyecto que dé cuenta de la propuesta escénica resultante.

 

 

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