Las alcaldas, con Mariano García

Asistimos a la primera tutoría que el equipo creativo de Las alcaldas tiene con Mariano García, diseñador de sonido. María Gómez, directora y dramaturga de este proyecto basado en La elección de los alcaldes de Daganzo, de Miguel de Cervantes, expone en esta sesión de trabajo cómo han concebido hasta el momento sonoramente Las alcaldas. En su propuesta se plantea la misma pregunta que Cervantes se hizo hace cuatrocientos años: ¿los que gobiernan están cualificados para tal menester?

Mariano García plantea que lo que se escucha en un escenario es tan potente como lo que se ve pero que, sin embargo, el sonido sigue sin estar hoy en día en el planteamiento dramatúrgico de un espectáculo. Es precisamente en este momento de germinación del proyecto escénico cuando las decisiones dramatúrgicas y también prácticas con respecto al sonido se deben tomar respondiendo a estas dos cuestiones: ¿por qué? y ¿con qué? Dramatúrgicamente, un texto puede adquirir mucho volumen gracias a lo que se oye, no sólo en la escena, sino a los sonidos que vienen de fuera de ella. ¿Y si pasa un avión que genera un incisión en el diálogo y generando algo distinto? Una suspensión en la tensión escénica, un corte… ¿Y si cada personaje tuviera un leitmotiv musical?

 

 

A través de todas las alternativas y posibilidades que expone Mariano García en esta primera sesión se abre todo un abanico de posibilidades para el equipo artístico de Las alcaldas. Se amplía su visión y oído. La mejor manera para comenzar este trabajo de manera unificada y provechosa es hacerlo a través de conceptos muy precisos, sencillos y los mismos para diseñador de sonido, de iluminación, para la escenografía y el figurinismo. Conceptos grandes que luego se puede ir matizando. Un fascinante trabajo por delante en torno a la palabra cervantina que… veremos cómo suena.

Equipo creativo de "¡Qué herencia, qué figura, qué paciencia!"

¡Qué herencia, qué figura, qué paciencia! , con Fernando J. López

Equipo creativo de "¡Qué herencia, qué figura, qué paciencia!"

                              Equipo creativo de “¡Qué herencia, qué figura, qué paciencia!”

Compartimos una de las tutorías que Gorka Martín y Óskar Galán, director y dramaturgo respectivamente de la Cía. Sinsorgadas y Producciones, tienen con Fernando J. López. La propuesta de este equipo artístico, participante en Ensayando un clásico, está basada en la comedia de Rojas Zorrilla titulada Lo que son mujeres y con esta propuesta nos descubren a sus protagonistas: Matea y Serafina, mujeres peculiares que no responden en absoluto a lo que se espera de las damas del teatro del Siglo de Oro. Ambos personajes femeninos tienen una visión distinta de los hombres, del matrimonio, del amor y, por supuesto, de su propio papel como mujeres. Sólo hay que leer el arranque de la obra para comprobarlo.

En sesiones de trabajo como ésta el dramaturgo del proyecto tiene la oportunidad de confrontar periódicamente las decisiones que dramatúrgicamente va tomando con Fernando J. López, cuya labor en este proceso es acompañar y asesorar desde la experiencia y la escucha, y siempre desde un punto de vista esencialmente práctico. Así, escena a escena, el dramaturgo plantea cómo va a abordar, o ya ha abordado, cuestiones tan concretas como el corte de pasajes redundantes, la supresión de personajes, la inserción de texto apócrifo… Junto al maestro, comprueban en las sesiones de trabajo su adecuado funcionamiento y cómo estas acciones dramatúrgicas afectan al sentido general de la obra, al ritmo, a la propia puesta en escena y acercan o no el texto de Rojas Zorrilla a ese lugar a donde la propuesta de este equipo creativo nos quiere llevar.

Para otorgar a Matea y Serafina el brillo que merecen, adelantamos que este equipo creativo ha optado por trabajar dramatúrgicamente en torno a la construcción de saltos temporales que dinamicen, generen intriga y capten la atención del espectador y, todo ello desde la comedia con guiños musicales inesperados que… no vamos a desvelar.

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¡Arrancamos!

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Parte del cuadro de profesores y de los participantes de esta edición

El pasado lunes siete de noviembre, se celebró la primera de las sesiones de trabajo que se sucederán a lo largo de esta III edición de Ensayando un clásico. Ante los profesores, los miembros de los cinco equipos artístico-técnicos seleccionados explicaron las decisiones dramatúrgicas y estéticas adoptadas, las razones que les habían llevado a tomarlas, lo que querían contar en sus puestas en escena, por qué esos textos y no otros… Pues éste es, precisamente, uno de los objetivos de este proyecto: aprender a explicar de manera solvente y con coherencia, ya sea a través de la palabra oral o escrita, o a través de imágenes, una propuesta escénica.

Entre los cinco proyectos seleccionados en esta edición dedicada al humor, además del entremés de Cervantes La elección de los alcaldes de Daganzo, o Las ferias de Madrid de Lope de Vega, los participantes se han atrevido a trabajar textos prácticamente desconocidos, como la Mojiganga de las visiones de la muerte de Calderón, Lo que son mujeres, de Rojas Zorrilla y Quien no cae no se levanta, de Tirso de Molina. Textos con visiones delirantes y muy poco convencionales de la religión, con mujeres que se gobiernan a sí mismas o con cómicas transgresiones de la idea de la muerte. Hallazgos que evidencian la riqueza de nuestro legado teatral barroco y lo mucho que aún nos queda por atrevernos a descubrir.

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Francisco de Pacheco, maestro de genios

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En 1613 llegó al estudio sevillano de Francisco de Pacheco un muchacho llamado Diego de Velázquez que, según su padre, tenía ambición y talento para la pintura. En aquella época los maestros no se dedicaban de manera única a instruir a sus pupilos, así que el artista trabajaba en los encargos de sus mecenas y, en el proceso, enseñaba a sus discípulos, a quienes se les encargaba poco a poco trabajar en algunas partes de la obra. Por ello, el trabajo artístico terminaba siendo más bien una especie de trabajo colectivo, en el que el maestro permitía a sus aprendices hacer partes más o menos importantes de la pintura a partir del grado de habilidad y sensibilidad mostrado.

Velázquez aprendió así, pintando para su maestro, la representación realista y analítica, el estudio de las expresiones y del carácter humano. Con su brillantez sedujo al maestro y a su hija Juana, con la que contrajo matrimonio, como era usual en los gremios profesionales. Tras esta anécdota, quedó escondido un escritor, pintor, teórico, figura capital del ambiente cultural sevillano… un personaje lleno de matices.

No sabemos si en su inconsciente Velázquez continuó pintando para su maestro cuando ya era pintor de cámara del rey de las Españas Felipe IV, lo que sí sabemos es que  el genio de Velázquez seguramente no hubiera sido el mismo sin las enseñanzas de su maestro Francisco de Pacheco.