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Expectativa X Realidad

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Viajar es una de mis actividades preferidas. No es casual que haya elegido la actividad turística como mi profesión e ilusión. La idea de conocer distintos sitios, culturas, paisajes, músicas, sabores, conocimientos siempre me despertaron la atención, la curiosidad, pero, principalmente, la idea de conocer la gente de distintos lugares me apasiona.

La semana pasada estuve por primera vez en Almagro. Antes de irme, busqué investigar un poco lo que hacer en la ciudad, su historia, los principales sitios a visitar, gente que hablar, artesanía a mirar, que comer (después de algunos años trabajando con el tema, para mí, la gastronomía es tan importante cuanto los sitios a visitar, pero, a veces, mis pantalones no están de acuerdo con esto 🙂 ), me puse a imaginar el paisaje, el sonido, el olor y siempre, la gente.

Así que, mismo antes de estar ahí, yo había creado un Almagro en mi imaginación.

Seguro que un sitio es determinado por sus características geográficas, su naturaleza, cultura, historia, pero también tiene mucho que ver con su gente. La manera de unos de mirar el mundo, se comportar en él, mirar al desconocido, las capacidades de adaptación a los cambios, los retos que les pasan, es decir, más que la belleza de la arquitectura y de la naturaleza, para mí, la gente es la fortuna, o a veces, la penuria de un sitio.

La bienvenida fue en la estación de ferrocarril cuando, sola, en silencio, empecé a caminar por el pasillo que hay adelante, lleno de árboles y oyendo a los pájaros. Pensé, no hay como tener un día malo cuando él empieza así! En el camino el guía del recorrido, que me apunté por internet, me llamó y dijo: “Empezamos en la Plaza Mayor, no te preocupes, no te vas a perder por el camino!”

Una mirada a la plaza mayor! WOOOWWW!!! Creo que casi toda ciudad española tiene una plaza mayor y yo siempre me quedo enamorada de cada una de ellas, no ha sido distinto en Almagro. Empieza el recorrido, escucho de donde surgió el nombre “Almagro”, personajes importantes, arquitectura de los edificios, las familias, las peleas, el nacer y renacer de la ciudad, el poder, el amor, el patrimonio, curiosidades, saco fotos, escucho, camino.

Visito el corral de comedias (ese creo que necesitaría todo un texto solo para él, QUE SITIO ESTUPENDO!!!). Hora de la comida! Nham!! ¡Viva la berenjena de Almagro! Creo que comí berenjena para toda una vida! Y, como buena “mineira” que soy, (mineiro y mineira son los gentilicios para la gente que nasce en la provincia de Minas Gerais) puedo decir, ¡Viva el queso manchego! Esto porque nosotros somos conocidos por producir los mejores quesos de Brasil, o sea, queso es cosa seria! 🙂 🙂 🙂

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Una visita a la oficina de turismo de Almagro y descubrí que hay más un montón de cosas que hacer alrededor de la ciudad y claro, en la propia ciudad! O sea, tendré que volver! Empiezo de nuevo… y soy sorprendida por un señor mayor, que me llamó de Lola todo tiempo, me tomó por la mano y me dijo: “Ahora te llevo para ver el Museo del Teatro, tenéis que ir ahí!”.

Mis padres me enseñaran a reconocer la sabiduría y a respectar los mayores, entonces, le seguí. Me contó que volvía de una boda, de verdad estaba muy elegante, y compartió conmigo su orgullo de ser almagreño. En la entrada del museo, mi nuevo amigo se despidió y dijo que iba a casa hacer su siesta! (una de las grandes invenciones de los españoles!) y yo, me quedé ahí por un par de horas sin darme cuenta!

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Este día, de hecho, Almagro tuvo tres bodas. Hacía mucho tiempo que no presenciaba la ilusión de estos ritos. La sonrisa de los novios, de los padres, los amigos, el recorrido por la ciudad y las celebraciones en la Plaza Mayor me hicieron creer que Almagro celebra el amor. Caminé de vuelta a la estación y llovía un poco, la mezcla del agua y de los rayos del sol, hizo que Almagro me regalara un arco-iris de despedida! (Sí, soy una ilusionada y estoy segura que el arco-iris fue para mí).

Bueno, el Almagro de mi imaginación era un poco distinto… creo que tuve un poco de influencia en pensar que podría ser algo parecido a Ouro Preto, sitio que vivi por un par de años en Brasil, pero el Almagro que yo miré, oí, olí, probé, viví es mucho mejor, es de verdad!

Por Marina Simião

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