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Kathakali, el teatro indio más expresivo

Clip de la obra Mahabharati, dirigida por Peter Brook

El teatro supone jugar con las historias, recrearse en sus líneas y atreverse a disfrutar en ellas. El Kathakali, mezcla de teatro y danza, lleva ese espíritu en su propio nombre, el cual deriva de “katha” (historia) y “kali” (jugar). Tiene su origen en la región de Kerala, al sur de la India, y utiliza el cuerpo como herramienta, haciendo uso del lenguaje gestual como principal vehículo para narrar historias. Muchas de estas narraciones están influenciadas por las dos grandes epopeyas hindúes: el Ramayana y el Mahabharata, y acostumbran a contar enfrentamientos de héroes o dioses bondadosos contra las fuerzas del mal.

Complicados movimientos de manos, conocidos como mudras; y también de pies, ojos y músculos faciales se fusionan con música cantada e interpretada por instrumentos de percusión, en una tradición de más de 400 años de antigüedad y que ha sido declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO.

Siendo un teatro tan visual, el maquillaje y un vestuario muy ornamentado cobran una importancia vital. Los actores pueden llegar a emplear hasta cuatro horas de maquillaje, que suele estar fabricado con plantas naturales de la zona. Los colores tienen su propia simbología, y ayudan a entender la historia. Encontramos cuatro tipos de personajes: el verde para dioses, héroes, nobles y seres virtuosos, en definitiva para personajes poderosos; el rojo para seres malvados; el negro para los habitantes de mundos inferiores y el amarillo-rosado se destina a los personajes femeninos.

MAQUILLAJE KATALALY

El oficio de actor es algo vocacional y si hablamos de Kathakali esta vocación es similar a la religiosa al considerar sus danzas una ofrenda que el actor hace a la divinidad y al espectador. Rastreando en su origen vemos que surgió de una forma de yoga, de la que aún conserva rasgos como la severa autodisciplina de sus practicantes.

Estas enseñanzas comienzan en la juventud y las escuelas kathakalis siguen los dictados de la pedagogía hindú, en la que se transmiten los conocimientos de forma oral en una dinámica gurú-discípulo. Los candidatos deben superar un examen que cuenta con criterios de selección como su agilidad o su sentido del ritmo. Alojados en pequeñas casas, efectúan todas las actividades en colectividad con largos horarios en los que realizan ejercicios centrados en las acrobacias, el maquillaje y, lo más importante, los gestos. Este sistema sigue teniendo una inspiración religiosa y cuenta con clases de religión, sánscrito o vida de los gurús.

Los aspirantes deben seguir un elaborado entrenamiento, que oscila entre los 8 y los 10 años. Este grado de exigencia tiene como resultado alcanzar un asombroso nivel de control muscular, llegando algunos actores a ser capaces de dividir su expresión facial, riendo con un lado de la cara y llorando con el otro.

Teniendo en cuenta que toda la fuerza de la obra recae sobre los movimientos, el Kathakali utiliza una escenografía austera, en la que sólo aparecen los elementos imprescindibles para representar la obra. El actor es el mayor elemento escénico y constituye el espacio mediante las reacciones de su cuerpo y las sensaciones que estas evocan. Así, por ejemplo, si el actor quiere representar que abre una puerta, el gesto será abrir las manos, y juntarlas será un signo de que la puerta se cierra.

Explosión de color, de música y un uso asombroso del lenguaje no verbal como forma de expresión hacen del Kathakali una experiencia sensorial muy distinta a lo que estamos acostumbrados a ver en un escenario.

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