rock and roll 02

¡LARGA VIDA A LA ZARABAMDA Y… AL ROCK AND ROLL!

rock and roll 02

Nunca las caderas fueron tan agitadas como en los años cincuenta cuando el rock and roll se abría paso entre faldas acampanadas, chupas y tupés. Su origen en el blues y en el jazz representaba la música libre, alegre y diferente donde los padres de familia de la época veían el demonio y la perversión. Se decía que sus pasos -demasiado eróticos- era capaces de causar la proliferación de sectas satánicas. En 1957 los productores del mítico show de Ed Sullivan decidieron que, mientras Elvis movía su pelvis, solo se enfocara al Rey de cintura para arriba. Así que el Rey, se pasó toda la actuación moviendo el dedo meñique como si bailara mientras que el público femenino gritaba como loco.

Bailes endemoniados capaces de dislocar miembros y revolucionar mentes ya los hubo antes y con mucho éxito, como “la alegre zarabanda”, así daba noticias de ella Cervantes:

“No quedó vieja por bailar ni moza que no se hiciera pedazos, toda la sorda y con silencio extraño, poniéndose centinelas y espías por si el viejo despertaba”                                                                            El celoso extremeño

 

Las representantas de comedias Jusepa Vaca, Francisca Baltasara o Jerónima de Burgos -farsanta favorita de Lope de Vega- que recitaban los versos en los corrales de manera muy solemne, se entregaban llegado el momento a los movimientos disparatados y extravagantes de la zarabanda. Alegre y lasciva, recordaba a las danzas un tanto lúbricas que interpretaban las bailadoras gaditanas, porque se hace “de meneos de cuerpo descompuestos”.

El ataque contra la zarabanda fue un lugar común entre los moralistas de la época, por considerarlo un baile lascivo y así llegó su primera prohibición en 1583 a pesar de las protestas populares:

La zarabanda está presa

y dello mucho me pesa,

pues merece ser condesa

y también emperadora.

El docto y sapientísimo padre jesuita Juan de Mariana, increpa al baile maldito del que asegura: “yo lo hice por haberla visto bailar en Sevilla durante la procesión del Corpus, e incluso sus salaces contoneos en algunos conventos de monjas”; a las que, por lo visto, sólo les faltaba gritar, con sus caderas en movimiento “¡larga vida a la zarabanda!”.

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