Autor: Alexej Ravski http://www.web-id.nl/ravski/index.php?content=paintings

Las cartas: ¿juego o vicio nacional?

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La moralidad imperaba en el Siglo de Oro e intentaba coartar todas las actividades consideradas indecentes como la bebida, la prostitución o los juegos. Estos últimos eran clasificados por los frailes en espirituales, humanos o diabólicos; y ocupaban gran parte de la rutina diaria de estas ciudades. Los juegos de cartas podían practicarse en las casas de conversación, eufemismo para referirse a lugares en los que el juego y la bebida estaban a la orden del día. También se jugaba en casas de juego autorizadas por real licencia e incluso en las calles o en casas de prostitutas.

Aunque tengas una voluntad férrea, la tentación acechaba detrás de cada esquina. En cuanto al juego de cartas, existía la figura del enganchador encargado de captar a incautos por la calle y atraerlos hacia estos locales. Si cedías ante sus cantos de sirena, tú (y tu bolsillo) estáis perdidos. Lo estás porque, a menos que seas un experto en el juego, serás considerado un blanco, un jugador poco experimentado e ingenuo al que un pedagogo ofrecerá enseñanzas que probablemente solo tengan como resultado más ganancias para la casa.

Los asistentes de dichas casas persiguen enriquecerse por medio del fraude. Deberás tener los ojos bien abiertos y vigilar a tu alrededor por si encuentras algún gesto sospechoso, ya que los guiños entre las personas del local tienen poco de inocente. Conocidos como guiñones o apuntadores, son personas que tienen relación directa con los propietarios del local, y revelan las cartas al dueño por medio de señas.

También debes tener cuidado con los macarenos, fulleros que juegan en compañía para despojar a sus víctimas más fácilmente, cuyo nombre se tomó de los que practicaban este arte en los garitos de la Puerta de la Macarena en Sevilla. Vigila tú dinero, ya que en esos locales el tiempo pasa rápido y hay pocas opciones de recuperarlo. Si ves que tus monedas van desapareciendo, podías recurrir del prestador, que adelantaba fondos al que había perdido. Deberás tener autosuficiencia a la hora de llevar las cuentas de cuánto han apostado tus compañeros, no vayas a encontrarte con un salador,  que cuando gana en una suerte dice haber apostado más dinero del que ganó.

Si la fortuna está de tu lado y logras ganar varias manos, pasarás a ser conocido como florero, es decir, un jugador de ventaja y si haces una mesa gallega conseguirás el odio de todos tus compañeros, ya que significará que has ganado a todos los demás.

Viendo la calaña de las personas que frecuentaban estas casas, llegará un punto en te preguntarás porque no has salido corriendo de allí. No te fíes ni de tu sombra, porque incluso los más candorosos tendrán algo que ocultar. Gente acomodada en un rincón, aparentemente dormida, también son otro tipo de estafadores. Los modorros debían su nombre a fingir dormir hasta medianoche y, casi acabadas las partidas, sacaban sus naipes ocultos y conseguían ganar algunas manos.

Si tu astucia de permite esquivar todas estas artimañas y consigues hacerte con una buena cantidad de dinero, llevártelo a casa no será tan fácil. Probablemente te increpe un baratero o bravucón, que intentará quitarte el barato (dinero que has ganado), por la fuerza y mediante amenazas. Y es que si te enfrentabas a una partida de naipes en la época sabías que ibas a perder dinero aunque pusieras los cinco sentidos en el juego ya que, como es habitual, la banca siempre gana.

Por Óscar Díaz

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