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MUJERES Y PAPELES

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Jerónima de Burgos, Francisca Baltasara, Bárbara Coronel, Jusepa Vaca, Micaela Fernández, María de Navas, Francisca Vallejo, Ana Múñoz, María Álvarez de Toledo, Cristina Bezón, Isabel de Castro… y así hasta casi 300 mujeres. Actrices profesionales de las que hay documentos de que subieron a las tablas durante el Siglo de Oro.

Mafalda, esa niña lúcida de papel y tinta, decía: “lo malo es que la mujer en vez de jugar un papel ha jugado un trapo en la historia de la Humanidad”, pues curiosamente muchas de estas profesionales fueron primero trabajadoras domésticas de los empresarios teatrales y soltaron el trapo para coger el papel e interpretarlo en las tablas. Otras muchas fueron actrices vinculadas a la actividad de sus padres y maridos, también actores o autores de comedias, es decir, empresarios teatrales. Solo unas pocas, sobre todo en el último tercio del siglo XVII, ejercieron la actividad teatral por cuenta propia, sin dependencia masculina de padre, hermano o marido. Sean cuales fueran sus inicios en el oficio, sus figuras tuvieron relevancia en la práctica teatral de la época, ya que algunos de los textos teatrales de mayor calidad artística fueron escritas para determinadas actrices consideradas “prodigiosas en la representación”

Es verdad que encontramos pocos datos referidos a ellas en documentos legales, ya que las mujeres no eran consideradas sujetos legales, esto dificultaba su acceso a la actividad teatral como empresarias o directoras de compañías; para ello tenían que ser “apoderadas” por una figura masculina. Mujeres apoderadas fueron Catalina Hernández, mujer del empresario teatral Gaspar de Porres o Elena Osorio, hija de Jerónimo Velázquez del más importante empresario teatral madrileño entre 1574 y 1598. Ambas desempeñaban funciones administrativas y de producción como cobrar deudas, alquilar transportes o vestidos de representar, pero también realizaron funciones decisorias como contratar el personal de la compañía o estipular contratos con los arrendadores en las ciudades donde se desplazaban a representar comedias. Mujeres de teatro que colaboraban como profesionales en el negocio familiar sin contar y que sospecho que sabían diferenciar una buena de una mala comedia solo con olerla porque habían nacido casi en un corral de comedias.

Otra mujer de teatro fue sin duda María de Navas, actriz con una exitosa carrera y empresaria teatral. Como actriz trabajó con algunos de los más ilustres dramaturgos como Calderón de la Barca y su actividad no se limitó a la capital de la Corte, sino que representó en las plazas claves del itinerario teatral de la época: Valencia, Barcelona y Lisboa. Mucho se escribió de sus “ardides” actorales con las que María de Navas encandilaba al espectador hasta hacerle confundir la ficción con la realidad.

Ejerció como empresaria teatral de manera intermitente. En una ocasión se encontraba representando con su compañía en Valencia cuando fue reclamada por el monarca para trabajar en la corte de Madrid y para el cumplimiento de la orden real su compañía se deshizo y los actores y actrices pasaron a buscar trabajo en otras compañías.

Solo algunos ejemplos de vidas de mujeres inquietas, apasionadas por su oficio que sólo les permitían ejercer como “apéndices” de sus maridos, madres o hermanos. Sufrieron a lo largo del Siglo de Oro ataques por su género y su profesión, sin embargo y aunque no salgan en los papeles, ellas fueron quienes los interpretaron y pusieron en escena Rosauras, damas bobas, duquesas de Belfor, Laurencias, Isabeles Crespo y a tantas otras.

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Ellas…Ana de Velasco, Mariana Páez, Mariana Ortiz, Gerónima de Salcedo, Micaela de Luján, Polonia Pérez, María de Morales, Juana Villalba, María Quiñones, Manuela Escamilla…

NUESTRO HOMENAJE A TODAS.

 

 

 

 

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