imagen-2

Cambio de riqueza: de la mina al teatro

Guanajuato, del tarasco Quanaxhuato, significa “cerro de las ranas”.  Para los indios tarascos no pasaron desapercibidas estas montañas, verdes y agrestes, por donde discurre un río, hábitat natural de animales acuáticos y pantanosos.  Los tarascos, hoy más conocidos como purépechas,  consideraban a la rana  animal sagrado. Según sus creencias, estos animales se asemejan a los niños: su docilidad es bondad, su cantar alegría y sus saltos optimismo. Así surge la ciudad donde, todavía hoy durante la época de lluvias, se pueden ver estas ranas saltarinas.

El descubrimiento de las minas de plata propició en Guanajuato  un enriquecimiento que se percibe en las iglesias y grandes edificios, en el trazado sinuoso de sus calles que avanzan hacia arriba del cerro. Durante el siglo XX los desbordamientos incontrolados del río obligaron a la desviación de su cauce y se construyeron de vías de comunicación bajo tierra. Crearon una red de caminos que comunican toda la urbe convirtiéndola en una ciudad laberíntica. Los callejones exteriores de pronto se transforman en entradas hacia el interior, escaleras de piedra que se adentran en la ciudad oculta, caprichosa, bulliciosa y sin orden aparente. Sus habitantes  conviven de manera natural con esta doble realidad citadina.

imagen-2

Plaza San Roque. Espacio de representación teatral en Guanajuato.

La ciudad exterior vive ajena al tumultuoso mundo escondido. Las calles tranquilas, coloridas y silenciosas esconden gran cantidad de plazas que emergen como un oasis por el sonido del agua de sus fuentes. Son ellas las protagonistas de la otra gran transformación que  vivió Guanajuato, que la conformó y cambió para siempre en una ciudad teatral.

A partir del año 1953 un profesor de la universidad, dramaturgo y director teatral hizo de las plazas un escenario natural para representar los entremeses de Cervantes. Poco a poco el repertorio incluyó también otras obras del Siglo de Oro español. Guanajuato que fue ciudad minera, ahora es ciudad cervantina.

Teatro que nace en la calle, del impulso honesto y entusiasmado de los habitantes de Guanajauato, quienes hacen del teatro vehículo para fortalecer una identidad colectiva a partir de una reflexión común  de aquello que los conforma como ciudadanos.

En los mismos años en que en las calles de la ciudad mexicana se  representaban obras teatrales del Siglo de Oro español,  en la ciudad manchega de Almagro se descubrió el Corral de Comedias. Al mismo tiempo, dos ciudades se descubren a sí mismas a través del teatro  Barroco.

entremeses

Representación de Los entremeses de Cervantes en las calles de Guanajuato

 

Igual que la ciudad mexicana, en Almagro la familia de los Fuggers, de gran influencia en el desarrollo de la ciudad, debía parte de su riqueza a las minas de Almadén. El Patio de Fúcares, lo que en su tiempo fuera el almacén de los Fuggers donde se guardaba el mercurio extraído de las minas, hoy es uno de los espacios escénicos del Festival.

Hoy Almagro no se entiende sin su Festival. El nuevo ordenamiento social de la ciudad a partir del descubrimiento del Corral provocó una alteración de los espacios públicos y de uso cotidiano. El teatro invadió la ciudad y cambió la relación de los habitantes con su entorno, cambió su mirada ofreciendo un nuevo significado a la vida, redefiniendo lo que son.

Guanajuato y Almagro son dos ciudades que están hermanadas por  el teatro clásico del Siglo de Oro. El crecimiento de ambas, gracias a la capacidad transformadora del teatro y la apropiación colectiva de este hecho, pasa a ser seña identitaria de sus habitantes. Guanajuato, teatro que nace de la calle reviviendo el universo cervantino en las plazas de una ciudad laberíntica. Almagro, ciudad que se descubre a sí misma con la aparición de un Corral de Comedias. Ambas, a través de sus festivales, muestran la fuerza transformadora de la cultura.

cervantes

Espectáculo “La luz de Cervantes” 39 Ed. Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro.

Hoy, el Festival Internacional Cervantino y el Festival Internacional de Teatro Clásico se acercan un poquito más y caminan juntos por un tiempo compartiendo proyectos en los cuales, a través de perspectivas actuales, de ritmos sincopados y letras combativas, Cervantes  emerge como referente cultural capaz de llegar allá donde nacen nuevas formas de expresión. El lenguaje se reinventa y nos devuelve una mirada sorprendente e inesperada del universo cervantino.

Texto de Ana Gabán

95876f08a0d1df623ad2dd184c89c01d

El abridor de cuellos. Tendencias de moda y Barroco

da6f1ea2d1d3a9e083b9273f715aff00

Foto de Sacha Goldberger

El 12 de marzo de 1623, Miércoles de Ceniza, una tropa de alguaciles salió a las calles de Madrid armados con tijeras. Su cometido: no dejar cuello de lechuguilla vivo y para ello hubo que recurrir al terror y a la fuerza, causando en consecuencia la agitación popular. Estos cuellos, llamados de lechuguilla, se confeccionaban formando unas ondas que la asemejaban a las hojas de las lechugas rizadas, se azulaban con unos polvos especiales que venían de las Indias holandesas, de elevado coste. Con el aumento del tamaño apareció el interés por mantener no solamente la ‘blancura’ del material sino se requirió de su almidonado. A cada pliegue se le denominó ‘abanillo’ o ‘abanico’ y en los extremos había unos cordeles trenzados puestos de tal modo que al tirar de ellos se conseguía juntar los abanicos y al soltar se aflojaban.

95876f08a0d1df623ad2dd184c89c01d

Foto de Sacha Goldberger

La pragmática que entró en vigor en 1623 también incluía la prohibición del oficio de “abridor de cuellos”. No eran sastres ni costureros, tampoco pertenecían al gremio de los peluqueros, eran hombre y mujeres que tenían como oficio ahuecar los pliegues de los cuellos alechugados y que surgieron precisamente debido a las grandes dimensiones que llegaron a adquirir y a la necesidad de mantenerlos blancos, planchados y rígidos, lo que exigía una gran habilidad y procedimientos especiales que llegaron a constituir un arte. A partir de aquel día se enfrentaban a la vergüenza pública y al destierro.

Sin embargo, estos engorrosos adornos gozaban como pocos del favor de los elegantes de la época. Desde 1619 se venía declarando la guerra a estos cuellos imposibles que llenaban las tiendas madrileñas de productos foráneos procedentes de Milán, Florencia, Holanda e Inglaterra ya que la industria de la capital no era capaz de surtir de las materias primas que se requerían para fabricar estas piezas. Pero las pragmáticas que los prohibían se convertían en papeles inútiles dentro de la enorme maquinaria burocrática del rey Felipe III.

La corte española del Siglo de Oro se ofrecía al mundo y al resto de los españoles como un espectáculo teatral. Interpretaba el papel de una nación que todavía se creía opulenta, triunfante y segura de su destino único. Este mensaje se transmitía tanto a través de las grandes exhibiciones del poder, como de lo más pequeño: desde los incontables detalles protocolarios hasta los accesorios masculinos y femeninos. Desde la cosmética a la peluquería, desde el calzado a los guantes y cuellos. Componían la vestimenta de los hombres y mujeres de corte quienes no estaban dispuestos a renunciar a los aderezos que los caracterizaban. El espectáculo debía continuar.

Texto de Elena Mª Sánchez 

cartel tejiendolapaz

Las artes y los versos nos ayudan a tejer la paz en el mundo

cartel tejiendolapaz

La Fundación Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro lanzó a las instituciones participantes la propuesta de trabajar el texto cervantino de El cerco de Numancia desde la estética de la no violencia, siendo uno de los siete proyectos llevados a cabo por la Fundación a lo largo de 2016 con motivo del IV Centenario de la muerte de Cervantes reunidos bajo el lema “Acércate a Cervantes”.  El proyecto que empezó a trazarse hace casi un año en la sede madrileña de la Fundación, se materializará el próximo 21 de septiembre a las 18h. (hora local) con el estreno en la Plaza Bolívar de Bogotá del espectáculo Tejiendo la paz, dirigido por Natalia Menéndez en cuya dramaturgia ha contado con la colaboración de Elena Mª Sánchez, miembro del equipo del Festival.

Con música, proyecciones multimedia, Tejiendo la paz, es una puesta en escena con más de 120 artistas que invitará a los colombianos a tejer la paz y a reflexionar sobre la trascendencia del momento histórico que vive Colombia, con la firma formal de la paz entre el Gobierno y las FARC, que pondrá fin a 52 años de conflicto armado. Con este espectáculo, el Ministerio de Cultura de Colombia y el Teatro Colón, único teatro de carácter nacional y principal centro de producción de las artes escénicas y musicales de Colombia, se suman a la conmemoración del Día Internacional de la Paz establecido por la ONU.

Si bien Tejiendo la paz comparte el eje argumental de El cerco de Numancia de Cervantes, el espectáculo  cuenta en una pluralidad de voces ya que se han integrado fragmentos de obras de Eurípides, Aristófanes, Gabriel García Márquez, María Zambrano y de los poetas colombianos Carlos Castro Saavedra, Miguel Rocha Vivas, Jotamario Arbeláez, Alfredo Vanín, Hugo Jamioy Juagibioy, Yenny Muruy Andoque y Miguel Ángel López-Hernández.

Junto a los actores participarán 20 miembros del laboratorio Victus, formado por víctimas del conflicto armado: civiles, militares en retiro, desmovilizados de la guerrilla y desmovilizados de las autodefensas, y quienes bajo la iniciativa de Casa E. Social, llevan a cabo una propuesta pedagógica y metodológica que utiliza los lenguajes del arte con el fin de contribuir a la reconciliación y a la construcción de la paz.

Tejiendo la paz, alentada por el mensaje cervantino de esperanza en un futuro en paz y libertad, en el que el destino colectivo de un pueblo puede ser transformado por el propio pueblo y de condena a la guerra capaz de arrasar con todo (amistad, amor, el propio futuro…),  nos llama a mirar cara a cara al otro para mirar juntos hacia un futuro nuevo lleno de nuevas palabras, nuevas miradas, gestos nuevos, es decir, una tarea de creación que hacer juntos.

 

slider ensayando

Ensayando un clásico: el humor en el Siglo de Oro español

slider ensayando

Hay un principio antropológico por el cual la risa y la alegría cuando se comparten, aumentan. ¿Por qué? Ésa sería una buena pregunta si tuviéramos a mano a un antropólogo, pero como no hay ninguno en la sala, debemos asumir que la risa es contagiosa y difusa, indefinida, borrosa. Seas más de reírte con Amanece que no es poco, con La venganza de Don Mendo,  o con las ocurrencias de Clarín en La vida es sueño, debes saber que reír proporciona un masaje a todo el cuerpo, aleja temores, elimina toxinas, mejora la respiración y fortalece el corazón.

14584042983_29476a5564_z

En las obras de nuestro teatro barroco encontramos, mayoritariamente, lo trágico y lo cómico mezclado, pues era el gusto del público y era como la vida barroca misma, que diría un antropólogo. Sin embargo, los chistes, las salidas ingeniosas de los personajes, (en especial del gracioso), los argumentos de entremeses y loas, el delirio de las comedias burlescas… relucen con tanta fuerza, que merecen ser los protagonistas de la 3ª Edición de Ensayando un clásico, para poner de manifiesto el ingenio humorístico de nuestros autores del Siglo de Oro.

5652968073_f29813e0c5_b

Este es el desafío que lanzamos este año y, que no es pequeño, pues si la risa es difusa e indefinida, los mecanismos teatrales que la provocan son escurridizos y en ocasiones casi intuitivos, por lo que solo la experiencia nos pueden ayudar a transitar por ese sendero. Como decía, Tony Leblac, “hacer reír es una cosa muy seria”; por ello, volveremos a rodear a los participantes de Ensayando un clásico de los más importantes profesionales de las artes escénicas quienes, mediante sesiones de trabajo conjuntas e individualizadas, conducirán a los participantes a través del proceso de creación y elaboración de un proyecto que dé cuenta de la propuesta escénica resultante.

 

 

pie para news

 

Teatroteka

La memoria viva a un solo clic

Teatroteka

 

Desde 1971 el Centro de Documentación Teatral realiza una ingente labor como contenedor y conservador de los fondos audiovisuales, fotográficos, fonográficos y documentos impresos (carteles, programas) que tienen que ver con las artes escénicas de nuestro país. 200.000 fotografías, más de 5.000 grabaciones en DVD, 500.000 notas de prensa clasificadas y 18.000 libros es solo una parte del material que gestiona esta institución.

El próximo 29 de julio a las 13:00h. en el marco de la 39 edición del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro, se presentará Teatroteca, un nuevo servicio gratuito del Centro de Documentación Teatral que permite que el préstamo físico en DVD de grabaciones de obras teatrales, que hasta ahora venían realizando por vía postal, pueda ser realizado en línea, por internet. Son ya un millar de obras las que están a disposición de estudiosos, docentes, profesionales de la escena, pero también estarán al alcance de curiosos y amantes del teatro.

Teatroteca permite tener acceso a un excelente material audiovisual a cualquier hora, cualquier día, desde cualquier lugar del mundo, y facilita el acceso a todo un patrimonio teatral, y por tanto cultural. Significa volver a vivir los clásicos, aquellos de los que guardamos apenas un recuerdo de una luz, un espacio, el gesto de un actor. Pero también brinda la oportunidad de encontrarnos por primera vez con otras puestas en escena, aquellas que precedieron a algunas de las que hemos podido ver estos días durante el Festival. Navegando por su fondo, encontramos El alcalde de Zalamea, que en 1988 dirigió José Luis Alonso y cuyo reparto estaba encabezado por Jesús Puente y a partir de una versión del poeta Francisco Brines; o La Celestina que aquel mismo año dirigió Adolfo Marsillach y protagonizó Amparo Rivelles. La memoria viva de varias generaciones de hombres y mujeres de teatro a un solo clic.

Cuad_09

9ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

Cuad_09

Foto: Archivo Las harpías en Madrid

“Por el amor la mujer lo arriesga todo y, sin temor ni vergüenza, se deja vencer por sus encendidos deseos. Más quiere la mujer placer presente que gozo advenidero.” Así lo escribió Juan de Flores (1455-1525) y así lo creen nuestros galanes, César Antonio (Paco Déniz) y Horacio Ventura (Juanan Lumbreras), que están a punto de recibir unas cuantas lecciones prácticas sobre igualdad de manos de nuestras harpías. Ambos personajes están inspirados en la llamada comedia de figurón y los dos magníficos actores que los encarnan han sabido llenar sus acciones de tanto humor y autoparodia como de humanidad, buscando ese lado frágil, vulnerable y, por qué no, también ridículo que, a su modo, todos tenemos.

 

PIE PARA POST

La dignidad de los olvidados

13705240_10154453929374729_1219793459_n

Delante de la naturaleza virgen, el hombre se encontró frente al caos de la creación, un mundo que se hizo independientemente de su voluntad y que ahora le tocaba habitar. En la Biblia, Adán dio nombre a las plantas y los animales. Los biólogos fueron ordenándolos en grupos y subgrupos; y el vivir juntos fue asignándoles respectivamente sus sitios en lo que se llamó más tarde, “sociedades organizadas”. Levi-Strauss, cuando estudió a los indígenas del Amazonas, se dio cuenta que este patrón se repetía de manera bastante sorprendente, que no era una particularidad del “hombre occidental”: donde no hay orden hay caos, y cualquier orden es superior al caos. Muchas veces, el error está en creer que este orden no es artificial y que por lo tanto, nuestro nombre y nuestro sitio en el mundo están determinados y nos determinan, como si fueran una fatalidad que cae sobre el hombre, y contra la cual no hay gran cosa que se pueda hacer.

Sin embargo, mucho antes de ese famoso “la existencia precede la esencia” de Jean-Paul Sartre, en la lejanía del siglo XVII español, un escritor de vocación tardía dio a entender a sus lectores que los hombres nacían iguales, que vivir sin libertad, no era vivir, y que eran las acciones y no la casta ni el nacimiento, que otorgaban la verdadera nobleza. En todas las obras de Cervantes se lee este amor por la gente pequeña y las pequeñas cosas, por las minorías acalladas y olvidadas : siguiendo la corriente picaresca, el autor desplazó el foco de atención y regaló el protagonismo de sus novelas y comedias a los que eran entonces meros figurantes de la “Historia”, desde el perro Cipión hasta el rey Sancho, pasando por el hidalgo Don Quijote y la ilustre fregona. Cada hombre, mujer o animal que pasó por su pluma nos siguen hablando y su palabra sigue siendo válida y escuchada. El propósito de Cervantes: demostrar que la virtud, el honor y el valor eran cualidades universales, que se hallaban en todos aquellos que quisiesen desarrollarlas, fuesen pobres o ricos, hombres o mujeres, humanos o animales.

No hay que confundir su visión con una idealización de todas estas pequeñas gentes: sus pastoras, por ejemplo, no son cómo las de Arcadia, no hablan en alejandrinos, ni hacen rimas mientras se mueren de amor o desamor; son pastoras, de las que se podían ver entonces en los caminos con sus rebaños, con su manera de hablar y con sus coloquialismos; no por ello son menos dignas para Cervantes, de un trato respetuoso. Alonso Quijano, el hombre detrás de Don Quijote, ve a todas las mujeres como doncellas, independientemente de su clase social o sus hábitos. Con su realismo mordaz, el Quijote reconcilió un cotidiano que había sido apartado de la historia, con la literatura y el arte, y en el proceso, les dio un sitio privilegiado que no habían conocido en su tiempo: les dio un sitio en la memoria orgánica que creó su literatura.

 

13695939_10154453929474729_1444492509_n

A través de las situaciones cómicas que crean estos encuentros con los personajes de la realidad del Siglo de Oro, Cervantes hizo pasar mensajes que ponían en cuestión prejuicios, ordenes sociales y hasta decisiones reales : en El licenciado vidriera, el joven licenciado se cruza con un labrador que alardea de ser cristiano viejo. Este se está colando delante de otro labrador, cuyo linaje es menos “prestigioso”. “Esperad, Domingo, a que pase el Sábado”, le dice con ironía el licenciado. Con humor, sí, pero Cervantes da en un punto sensible de la historia de España: reduciendo estas diferencias de linaje, al orden de los días de la semana (el sábado, día santo para los judíos, el domingo para los católicos), y pidiéndole así al católico de pasar después del judío converso, el Licenciado da la vuelta a las jerarquías que predominaban. Al menos en las páginas de sus Novelas Ejemplares, Cervantes reequilibró las balanzas y rindió un pequeño homenaje a aquellos que en la realidad sufrían de discriminaciones y malos tratos.

De manera más clara aún, la segunda parte del Quijote, nos encontramos con Sancho con un antiguo vecino suyo, Ricote, uno de los miles de moriscos expulsados en 1609. Este último ha vuelto a buscar el tesoro que había dejado enterrado en las que habían sido sus tierras (era una leyenda bastante común: los moriscos habrían escondido sus riquezas en territorio español, para volver algún día a por ellas). Hasta ahí, se podría pensar que Cervantes sigue la corriente de su siglo, mostrando un morisco avaro, dispuesto a volver a la tierra de la que fue expulsado para recobrar su dinero. Sin embargo, cuando el morisco cuenta su historia, la comedia se deja a un lado y la crítica entra en escena. Cervantes, a través de Ricote, explica como en otros lugares de Europa, en Francia, en Italia, pero sobre todo en Alemania, se recibe mejor que en España, aquellas personas que creen de manera distinta : “Salí, como digo, de nuestro pueblo, entré en Francia, y aunque allí nos hacían buen acogimiento, quise verlo todo. Pasé a Italia y llegué a Alemania, y allí me pareció que se podía vivir con más libertad, porque sus habitadores no miran en muchas delicadezas: cada uno vive como quiere, porque en la mayor parte della se vive con libertad de conciencia”. Más de un siglo antes de la redacción de los primeros Derechos del Hombre y del Ciudadano, un antiguo soldado, un recaudador de impuestos encarcelado varias veces, ya hacía hablar a sus personajes, del concepto que pararía guerras de religión y que aún hoy tendría que ser recordado y alabado. Hace de Ricote, esta victima de la intolerancia religiosa de los reyes católicos, el portavoz de valores nobles y universales, aliando lo cómico con lo trágico, lo trivial con lo trascendental.

Cervantes compuso grandes obras para transmitir grandes ideas: fue su manera de luchar para que la humanidad fuese siempre un poco más humana, como dijo Nuccio Ordine, y un poco menos bárbara. Lo hizo encarnando todo esto en un sinfín de pequeñas cosas, en la multitud de personas que la historia olvida, pero que habitaron, vivieron, y a veces, hasta sufrieron sus episodios. Dándoles voz, grabando sus palabras en las páginas inmortales de sus escritos, les dio una dignidad y una existencia, que siguen emocionando y conmoviendo a lectores y artistas, y que siguen guiándonos desde su individualidad, su particularidad donquijotesca, cuando es nuestra razón la que flaquea.

 

Texto de María Ridao, estudiente en prácticas en el Festival Teatro Clásico de Almagro

Fotos de Vivian Maier 

Cuad_08

8ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

Cuad_08

Foto: archivo Las harpías en Madrid

FELICIANA.   Mal reciben los hombres a las mujeres en su mundo.

LUISA.            Pues habrán de hacerlo, que su mundo ha de ser también nuestro o no ha de ser.

Fuertes y combativas, así son nuestras tres protagonistas, encarnadas por Nuria González (Teodora), Natalia Hernández (Feliciana) y Marta Aledo (Luisa). Y está siendo un auténtico placer ver cómo en cada ensayo componen y llenan de matices a estas tres mujeres tan distintas entre sí y, a la vez, unidas por un mismo objetivo: conquistar su lugar en un mundo que pretende dominar sus voluntades. Un mundo dibujado por la escenografía de Mónica Boromello a través de los misteriosos baúles que se adivinan en la imagen y que, advertimos, esconden mucho más de lo que parece…

 

PIE PARA POST