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Francisco de Pacheco, maestro de genios

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En 1613 llegó al estudio sevillano de Francisco de Pacheco un muchacho llamado Diego de Velázquez que, según su padre, tenía ambición y talento para la pintura. En aquella época los maestros no se dedicaban de manera única a instruir a sus pupilos, así que el artista trabajaba en los encargos de sus mecenas y, en el proceso, enseñaba a sus discípulos, a quienes se les encargaba poco a poco trabajar en algunas partes de la obra. Por ello, el trabajo artístico terminaba siendo más bien una especie de trabajo colectivo, en el que el maestro permitía a sus aprendices hacer partes más o menos importantes de la pintura a partir del grado de habilidad y sensibilidad mostrado.

Velázquez aprendió así, pintando para su maestro, la representación realista y analítica, el estudio de las expresiones y del carácter humano. Con su brillantez sedujo al maestro y a su hija Juana, con la que contrajo matrimonio, como era usual en los gremios profesionales. Tras esta anécdota, quedó escondido un escritor, pintor, teórico, figura capital del ambiente cultural sevillano… un personaje lleno de matices.

No sabemos si en su inconsciente Velázquez continuó pintando para su maestro cuando ya era pintor de cámara del rey de las Españas Felipe IV, lo que sí sabemos es que  el genio de Velázquez seguramente no hubiera sido el mismo sin las enseñanzas de su maestro Francisco de Pacheco.

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El abridor de cuellos. Tendencias de moda y Barroco

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Foto de Sacha Goldberger

El 12 de marzo de 1623, Miércoles de Ceniza, una tropa de alguaciles salió a las calles de Madrid armados con tijeras. Su cometido: no dejar cuello de lechuguilla vivo y para ello hubo que recurrir al terror y a la fuerza, causando en consecuencia la agitación popular. Estos cuellos, llamados de lechuguilla, se confeccionaban formando unas ondas que la asemejaban a las hojas de las lechugas rizadas, se azulaban con unos polvos especiales que venían de las Indias holandesas, de elevado coste. Con el aumento del tamaño apareció el interés por mantener no solamente la ‘blancura’ del material sino se requirió de su almidonado. A cada pliegue se le denominó ‘abanillo’ o ‘abanico’ y en los extremos había unos cordeles trenzados puestos de tal modo que al tirar de ellos se conseguía juntar los abanicos y al soltar se aflojaban.

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Foto de Sacha Goldberger

La pragmática que entró en vigor en 1623 también incluía la prohibición del oficio de “abridor de cuellos”. No eran sastres ni costureros, tampoco pertenecían al gremio de los peluqueros, eran hombre y mujeres que tenían como oficio ahuecar los pliegues de los cuellos alechugados y que surgieron precisamente debido a las grandes dimensiones que llegaron a adquirir y a la necesidad de mantenerlos blancos, planchados y rígidos, lo que exigía una gran habilidad y procedimientos especiales que llegaron a constituir un arte. A partir de aquel día se enfrentaban a la vergüenza pública y al destierro.

Sin embargo, estos engorrosos adornos gozaban como pocos del favor de los elegantes de la época. Desde 1619 se venía declarando la guerra a estos cuellos imposibles que llenaban las tiendas madrileñas de productos foráneos procedentes de Milán, Florencia, Holanda e Inglaterra ya que la industria de la capital no era capaz de surtir de las materias primas que se requerían para fabricar estas piezas. Pero las pragmáticas que los prohibían se convertían en papeles inútiles dentro de la enorme maquinaria burocrática del rey Felipe III.

La corte española del Siglo de Oro se ofrecía al mundo y al resto de los españoles como un espectáculo teatral. Interpretaba el papel de una nación que todavía se creía opulenta, triunfante y segura de su destino único. Este mensaje se transmitía tanto a través de las grandes exhibiciones del poder, como de lo más pequeño: desde los incontables detalles protocolarios hasta los accesorios masculinos y femeninos. Desde la cosmética a la peluquería, desde el calzado a los guantes y cuellos. Componían la vestimenta de los hombres y mujeres de corte quienes no estaban dispuestos a renunciar a los aderezos que los caracterizaban. El espectáculo debía continuar.

Texto de Elena Mª Sánchez 

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8ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Foto: archivo Las harpías en Madrid

FELICIANA.   Mal reciben los hombres a las mujeres en su mundo.

LUISA.            Pues habrán de hacerlo, que su mundo ha de ser también nuestro o no ha de ser.

Fuertes y combativas, así son nuestras tres protagonistas, encarnadas por Nuria González (Teodora), Natalia Hernández (Feliciana) y Marta Aledo (Luisa). Y está siendo un auténtico placer ver cómo en cada ensayo componen y llenan de matices a estas tres mujeres tan distintas entre sí y, a la vez, unidas por un mismo objetivo: conquistar su lugar en un mundo que pretende dominar sus voluntades. Un mundo dibujado por la escenografía de Mónica Boromello a través de los misteriosos baúles que se adivinan en la imagen y que, advertimos, esconden mucho más de lo que parece…

 

PIE PARA POST

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¿Vino o agua? Los trapicheos en las tabernas del Siglo de Oro

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Un vaso de vino al día es bueno para el corazón. Hemos escuchado esta frase hasta la extenuación, nuestros abuelos ya la decían y también es repetida en muchos programas de televisión de salud (esos mismos que suelen ver nuestros abuelos) Siempre nos han dejado claro, eso sí, que las proporciones deben ser pequeñas. Se nos especifica la cantidad, pero no la calidad necesaria para que el vino realice esa magia ancestral en nuestro corazón ¿Nos salvará de la muerte de la misma manera un denominación de origen que un vino marca blanca en tetrabrik?

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MUJERES Y PAPELES

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Jerónima de Burgos, Francisca Baltasara, Bárbara Coronel, Jusepa Vaca, Micaela Fernández, María de Navas, Francisca Vallejo, Ana Múñoz, María Álvarez de Toledo, Cristina Bezón, Isabel de Castro… y así hasta casi 300 mujeres. Actrices profesionales de las que hay documentos de que subieron a las tablas durante el Siglo de Oro.

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¡LARGA VIDA A LA ZARABAMDA Y… AL ROCK AND ROLL!

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Nunca las caderas fueron tan agitadas como en los años cincuenta cuando el rock and roll se abría paso entre faldas acampanadas, chupas y tupés. Su origen en el blues y en el jazz representaba la música libre, alegre y diferente donde los padres de familia de la época veían el demonio y la perversión. Se decía que sus pasos -demasiado eróticos- era capaces de causar la proliferación de sectas satánicas. En 1957 los productores del mítico show de Ed Sullivan decidieron que, mientras Elvis movía su pelvis, solo se enfocara al Rey de cintura para arriba. Así que el Rey, se pasó toda la actuación moviendo el dedo meñique como si bailara mientras que el público femenino gritaba como loco.

Bailes endemoniados capaces de dislocar miembros y revolucionar mentes ya los hubo antes y con mucho éxito, como “la alegre zarabanda”, así daba noticias de ella Cervantes:

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Yendo y viniendo: Luís de Camões (1524-1580)

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El más grande de los poetas portugueses vivió una vida plagada de aventuras. Tras un breve paso por la Corte lusitana, emprendió la carrera militar. Algunos afirman que, animado por el sentimiento de desamor y amargura, quiso embarcarse en grandes empresas que le llevaran lejos de Lisboa. Estando destacado en la plaza de Ceuta perdió el ojo derecho. Consiguió permiso para embarcar hacia la India, donde luchó, sobrevivió a varios naufragios y regresó a Portugal con el manuscrito de su poema épico Os Lusiadas intacto bajo el brazo, donde además de publicarlo con destacable éxito, siguió escribiendo poemas y algunas obras dramáticas de tema mitológico.

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MANO A MANO entre dos creadores que ponen la música y la palabra al servicio de las artes escénicas

El dramaturgo Julio Salvatierra (Granada, 1964) Premio Ojo Crítico 2006, Premio Nacional de Teatro en Portugal, entre otros, y el compositor, pianista y actor Mariano García (Pradoluengo, Burgos 1959), han participado en la segunda edición de Ensayando un Clásico como tutores de los proyectos seleccionados. Todo un lujo contar con su experiencia profesional y su calidad humana, con su sensibilidad creativa y con su larga experiencia puesta al servicio de los proyectos seleccionados. En este nuevo Mano a Mano que hoy sacamos a la luz, todavía dedicado a la primera fase de Ensayando un Clásico, hemos querido darles a ellos dos el espacio, la palabra y el tiempo de contarnos sus impresiones, revelaciones y conclusiones, acerca de la experiencia vivida y compartida. Gracias a ambos.

 

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Figurines del proyecto finalista “Viaje al Parnaso. The Talent Show”