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9ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Foto: Archivo Las harpías en Madrid

“Por el amor la mujer lo arriesga todo y, sin temor ni vergüenza, se deja vencer por sus encendidos deseos. Más quiere la mujer placer presente que gozo advenidero.” Así lo escribió Juan de Flores (1455-1525) y así lo creen nuestros galanes, César Antonio (Paco Déniz) y Horacio Ventura (Juanan Lumbreras), que están a punto de recibir unas cuantas lecciones prácticas sobre igualdad de manos de nuestras harpías. Ambos personajes están inspirados en la llamada comedia de figurón y los dos magníficos actores que los encarnan han sabido llenar sus acciones de tanto humor y autoparodia como de humanidad, buscando ese lado frágil, vulnerable y, por qué no, también ridículo que, a su modo, todos tenemos.

 

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8ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Foto: archivo Las harpías en Madrid

FELICIANA.   Mal reciben los hombres a las mujeres en su mundo.

LUISA.            Pues habrán de hacerlo, que su mundo ha de ser también nuestro o no ha de ser.

Fuertes y combativas, así son nuestras tres protagonistas, encarnadas por Nuria González (Teodora), Natalia Hernández (Feliciana) y Marta Aledo (Luisa). Y está siendo un auténtico placer ver cómo en cada ensayo componen y llenan de matices a estas tres mujeres tan distintas entre sí y, a la vez, unidas por un mismo objetivo: conquistar su lugar en un mundo que pretende dominar sus voluntades. Un mundo dibujado por la escenografía de Mónica Boromello a través de los misteriosos baúles que se adivinan en la imagen y que, advertimos, esconden mucho más de lo que parece…

 

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7ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Foto: Archivo Las Harpías en Madrid

Notas azules para las escenas que hay que revisar. En verde para las que hay que ampliar. En rosa para las que hay que acortar… Todo texto teatral es un proceso abierto que nunca se termina hasta que la obra se pone en escena. Por eso nuestro autor, Fernando J. López, anda siempre armado con un taco de post-its y un ejército de lápices para tomar nota de cuanto surge en los ensayos, trabajando codo con codo con nuestro director, Quino Falero. En el camino se ha contado, además, con la ayuda de especialistas en el Siglo de Oro, como José Carlos Menéndez, y se han sumado las aportaciones de los actores, siempre dispuestos a enriquecer sus personajes y a darles vida más allá de las páginas en que se dibujan sus palabras.

 

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6ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Qué sería del teatro sin la música. Y más aún en una función donde las mujeres saben templar y afinar al más complicado de los hombres igual que tocar al más delicado de los instrumentos. De componer esas melodías se encargan Ana Villa y Juanjo Valmorisco, siempre asesorados por nuestro director de orquesta, Quino Falero.

 

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5ª Instantánea del cuaderno de creación de “Las harpías en Madrid”

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Nuestras harpías son mujeres aguerridas que no están dispuestas a dejarse arrastrar por las voluntades ajenas en un mundo de hombres. Tan diestras con la lengua como con la espada, las actrices que encarnan a Teodora y a Luisa (Nuria Gónzález y Marta Aledo) se entrenan en esgrima y se preparan a conciencia, bajo la atenta mirada de nuestro instructor (Mon Ceballos), para salir airosas de cualquier duelo.

 

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foto ZURRO

“IR CON HAMLET ES COMO IR AL GALOPE”

foto ZURRO

 

“LA CONTEMPORANEIDAD LA APORTA EL ESPECTADOR”

#Hamlet  #Alfonso Zurro  #Teatro Clásico de Sevilla #Almagro38. Un cóctel atractivísimo que a nadie dejará indiferente. Un estreno absoluto que nos ilusiona y conmueve. A tres días de enfrentarse por primera vez al público, con el escenario habitado de espejos, con las varas en tierra, los técnicos entregados al montaje y en el telar martillazos que parecen, desde lejos, campanadas medievales… charlamos entre butacas vacías, con Alfonso Zurro, que ha versionado el texto y lo dirige. En la Antigua Universidad Renacentista el tiempo queda sostenido en el aire. Por eso nosotros charlamos en bajito y a la espera de que  un caballo negro atraviese el espacio, al galope y sin respiro. ¿Será o no será, HAMLET?

POR BEATRIZ BERGAMÍN

 

PREGUNTA. – ¿Porqué HAMLET aquí y ahora?

RESPUESTA.- Sobretodo porque la compañía Teatro Clásico de Sevilla, que ya tiene muchos años de trayectoria, y cuyo objetivo fundamental es recuperar a los clásicos en Andalucía, desde hace mucho tiempo siente la necesidad de enfrentarse a un Shakespeare y ofrecérselo a los espectadores.

P.- ¿Pero porqué HAMLET y no otro título?

R.- El título lo pensamos entre todos, ellos dicen que fui yo quien lo eligió, pero yo no lo me recuerdo (risas).

P.- ¿Cual es su mirada hacia este HAMLET? ¿Se trata de una versión “pura” o más bien transformada, de la pieza de Shakespeare?

R.- Es muy pura. He dejado intacto el eje central del conflicto, solo he quitado lo externo. Al principio me planteé hacer un HAMLET más personal, cosa que nos pasa siempre a los dramaturgos cuando encaramos a Shakespeare, porque es tan grandioso que en él cabe todo. Se habló mucho de este tema y finalmente se decidió hacer un HAMLET muy HAMLET. Ya que hacemos un Shakespeare por primera vez y somos una compañía de teatro clásico – pensamos –  hagámoslo: clásico. Contiene una mirada personal, lógicamente, pero es una versión muy pura.

P.- ¿Esa mirada personal entonces, dónde se refleja? ¿En la puesta en escena, en el espacio que se recrea, en el tema, de los muchos que contiene HAMLET, que usted decide iluminar?

R.- HAMLET tiene tantas líneas, tantas posibilidades… yo he dejado prácticamente todas, pero quizá me haya interesado más por el tema de la ambición por el poder, que tiene Hamlet. Fundamentalmente he volcado mi mirada personal, en encontrar con Pablo Gómez-Pando, un Hamlet verdadero, de hoy en día, para que el espectador lo sienta como un amigo, con sus contradicciones, emociones, sus cambios inesperados. Un Hamlet real, cercano, que empatice con el espectador. En eso he profundizado muchísimo.

P.- ¿Y cómo es este amigo Hamlet que usted y Pablo han descubierto?

R.- Es pasional y su cabeza va muy rápido. Ir con Hamlet es como ir al galope, no puedes detenerte, ni recrearte, y si lo haces todo resulta artificioso.

P.- ¿La naturalidad, la verdad, está en saber y querer acompañarlo en ese galope?

R.- Sí, sentir las palabras, los cambios de ánimo, las emociones…todo lo que va pasando a través de él tiene que traspasarse al público e ir pasándole al mismo tiempo a Hamlet y al espectador.

P.- Ser o no ser. ¿Desde dónde hacer esta gran pregunta?

R.- Yo creo que el soliloquio del ser o ser, como todos los de HAMLET, fueron incorporados al texto después de haber sido escrita toda la pieza, una vez terminada. Si los cambias de lugar siguen funcionando igual.

P.- ¿Como si fueran paréntesis?

R.- Exacto, como pensamientos del personaje que no tienen continuidad ni progresión dramática. Ese concretamente nosotros lo hemos situado después de la muerte de Claudio, con lo cual Hamlet lo dice desde la culpa, con remordimiento y también en la duda de tomar o no tomar la decisión de suicidarse, cosa que está en el texto. Ser o no ser: desaparecer o no desaparecer.

P.- Aparecer o ser, desaparecer o no ser…serían también conceptos que tienen que ver con la sociedad en la que vivimos, en la que nos exponemos y nos transparentamos a través de las redes y al mismo tiempo nos ocultamos, dejamos de relacionarnos con los otros pero todos los otros nos miran. ¿Algo de todo esto hay en su HAMLET, rodeado de espejos, encerrado y reflejado, al tiempo?

R.- Hemos hablado mucho de ese tema, Curt Allen Wilmer – diseñador de la escenografía y el vestuario- y yo, al plantear el espacio. Empezamos con la idea del encerramiento de Hamlet, de su sensación de poder vivir dentro de una cáscara de nuez y ser el rey del universo. Por eso quisimos crear un espacio cerrado y lleno de espejos, un mundo propio y personal en el que al mismo tiempo Hamlet está aprisionado y siendo observado, vigilado, controlado. Como ocurre hoy en día, con todas esas cámaras que nos miran. Por eso este espacio hermético y al tiempo abierto o expuesto y controlado.

P.- ¿Un HAMLET clásico encerrado en un mundo contemporáneo, o al contrario?

R.- Yo no creo que haya teatro clásico y teatro contemporáneo, creo que hay teatro, sin más. Creo que la contemporaneidad de los espectáculos siempre la aporta el público. Es el ojo del espectador, que mira desde su presente, quien aporta lo contemporáneo, porque quiera o no quiera, no puede escapar de relacionar lo que está viendo en escena, con recuerdos, emociones o vivencias propias, o hechos o sucesos cercanos. Para mí lo contemporáneo es el espectador.

P.- ¿Un espectador activo, es decir, creativo?

R.- Sí, que pueda imaginar. El espectador ha de ser creativo, no es necesario darle todo hecho ni explicarle nada, el espectador imagina palacios, castillos… donde no los hay, y hace por sí solo la relación entre el teatro y la vida. El teatro es un espacio para la imaginación.

P.- No es necesaria demasiada imaginación para relacionar temas que preocupan a Hamlet, como la ambición, la corrupción, el poder, la virtud… con nuestra actualidad, ¿no cree?

R.- Claro, la corrupción de la que habla Hamlet no puede ser más contemporánea. “En estos tiempos de corrupción, la virtud tiene que pedir perdón al vicio”, dice Hamlet. No hay duda que esto le va a llegar a cualquier español hoy en día. Para mí es muy importante que la historia quede bien contada. Siempre me ha preocupado, como dramaturgo y como director, el hecho de que pensemos tanto en nosotros mismos y no mucho en el espectador, por eso pongo empeño en que la historia llegue bien al espectador, a pesar de la complejidad del texto. Pero al mismo tiempo es necesario que conserve toda la belleza de la palabra. Y hacer este ejercicio a través de la verdad, en la interpretación, con las acciones y las emociones de los actores.

P.- ¿Es ésta su necesidad más poderosa, el objetivo con el que dirige HAMLET?

R.- Si, y es la misma necesidad que tiene Teatro Clásico de Sevilla: hacer un HAMLET hermoso, claro, limpio, para los espectadores, por ellos, para ellos, hacer un Shakespeare con toda la sinceridad del mundo, con toda la verdad y toda la belleza posible.

P.- ¿Qué placer ha descubierto o le ha sorprendido en este viaje al lado de Hamlet?

R.- Que nunca terminas de comprenderlo, que es caleidoscópico, complejo, que resulta inabarcable, y que por eso mismo se ha representado tantas veces y seguiremos representándolo, siempre. Que por eso mismo es maravilloso y atrapa, tanto al creador como al espectador.

P.- El misterio…

R.- El misterio y el cuento.

 

El dramaturgo y director Alfonso Zurro (Salamanca 1953) desde hace más de 20 vinculado profesionalmente a Sevilla, ha colaborado con Teatro Clásico de Sevilla, compañía fundada hace 12 años por Juan Montilla y Noelia Díez, en cuatro producciones anteriores, además de HAMLET, siendo la más reciente La estrella de Sevilla. Director de prestigio internacional, dramaturgo y profesor, cuenta con más de 40 puestas en escena, tanto de textos propios, como versiones o piezas de grandes autores.