Voluntarios

EL FESTIVAL DE… Vanesa Gomariz (Voluntaria)

Voluntarios

Recuerdo perfectamente el día en que mi amigo Israel me llamó por teléfono mientras conducía para comunicarme que había recibido un correo confirmando su aceptación como voluntario en el Festival Internacional de Teatro clásico de Almagro. Paré el coche rápidamente en una orilla para comprobar si yo también había sido aceptada. Mi cara se convirtió en un río de lágrimas al ver que yo también estaba. Éramos dos niños recibiendo el mayor regalo que siempre habíamos deseado. A partir de ahí todo fue rodado. Cuando mismo llegamos firmamos el contrato, nos dieron la camiseta, nos explicaron todo y empezamos a colaborar como si no hubiera mañana. Queríamos, al igual que todos los miembros del Festival, que la gente respirara por sus poros el ambiente de expectación, teatro y magia. El poder trabajar ayudando en la venta de botellas de agua antes de las obras de teatro, repartir publicidad y cuadrípticos por los bares, restaurantes y establecimientos (aunque eso conllevase derramar sudor por el grandísimo calor) no era nada comparado con el compañerismo y el respeto entre todos. Se anteponía el Festival a cualquier cosa, se trabajaba por y para el Festival; no éramos ni Laura, ni Israel ni Vanesa, no, éramos todos UNO.

Para rematar la faena, nos adjudicaron la gran labor y responsabilidad de colaborar con la venta del merchandising de la Compañía Nacional de Teatro Clásico. No nos lo creíamos. Es emocionante ver a la gente salir de la obra de teatro “Enrique VIII o la Cisma de Inglaterra”, “En un lugar del Quijote” o “Don Juan Tenorio” llenos de viveza y entusiasmo, y comprar el libro que contiene la obra escrita porque les había fascinado. Es como ya he dicho antes, MÁGICO Y ESPECIAL. Si a todo esto le añades poder ver la mayoría de obras de teatro… no tiene precio. CHÂPEAU.

            Sin lugar a dudas, esta experiencia ha sido la más espectacular y enriquecedora de toda mi vida. Me he llevado como amigos a grandes personas que hemos compartido durante 26 días algo más que teatro, hemos compartido el PLACER DE LA VIDA.

            Gracias a todos vosotros por brindarme esta oportunidad. Sois una GRAN FAMILIA.

Escrito por Vanesa Gomariz 

LA VELETA

Los cielos de La Veleta y otras imperiosas necesidades.

foto 1 cielo naranja con veletita 01La necesidad fue siempre, madre de la audacia.

Shakespeare

No corras tras la poesía, ella penetra por sí sola a través de las junturas (Elipsis)… que decía el cineasta francés Robert Bresson. Así ocurre cada tarde, casi noche, a la hora más fronteriza y más frágil del día, al salir de La Veleta. Después de la función, está el cielo. Ese cielo manchego que quieras o no penetra en ti por las junturas; ese cielo que te encuentras al final del camino verde que conduce a la salida de la finca de Luis y Elena, ese camino arbolado que pudiera ser o estar en muchos otros lugares del pasado y que sin embargo está aquí, en Almagro, ensoñándose a sí mismo, tan tranquilo, tan suave, tan feroz o quebradizo, cielo encendido o velado, tan inesperado, irrepetible cielo púrpura, abandonándose generosamente al sol, apenas derretido. Al final del camino, poco a poco y respirando lo que haya quedado del teatro vivido, se abalanza sobre ti la luz de Almagro, y te muerde despacio.

Si no lo ves, si no lo miras, si no te entregas a ese cielo multiplicado por la emoción del teatro, a ese estar, a esa luz, en ese preciso instante te pierdes lo irrepetible.

Así es el teatro que está vivo, distinto y único, palpitante en ese fugaz instante, nunca igual al que fue, nunca posible en el qué será. Para ver esa luz hay que estar ahí pero no solo estar, hay que ser alguien ahí, sentirse. Sin forzar, sin perseguir la luz, ni la poesía, ni estado alguno, solamente disponible, transparente ante el instante. Estar en presente.

Qué mágico es que una sucesión de instantes así pueda dejar un trazo más intenso, en la piel por dentro, que una hora entera, un día, una semana o todo un año  de vida sin luz… o sin teatro.

Qué prodigioso es que lo efímero se pose y cale, que lo frágil golpee, que lo intocable abrace, que uno pueda sentirse tocado, como si en el combate de esgrima que a veces es la vida, quedaran impresos únicamente los instantes que de un modo u otro, han sido penetrados de poesía.

¿Y qué es la poesía en el teatro sino la emoción? Ese estado inexplicable y breve que una o dos palabras, un verso, una estrofa, una situación, una mirada, una imagen, una energía… son capaces de provocar, y solo cuando ocurren, estalla por dentro del espectador iluminado un globo de agua que todo lo humedece y lo esponja. Se enciende el centro, es decir, lo humano.

Y qué pena, que derrota artística, que tan pocas veces sienta uno en el teatro esta certeza inconfundible y concreta de estar vivo. Y cuánto esfuerzo más habría que hacer – esfuerzo libre y feliz, no impostado – por preservar y descubrir la emoción, en el teatro.

Como diría Andrea D´Odorico: la emoción exige concreción. Y yo añadiría: vivir, tal vez soñar…pero para conseguir hacer verdad ese sueño escénico, solo sirve trabajar, trabajar, trabajar, investigar, bailar, estudiar, entrenar, correr, cantar, entrenar de nuevo, leer, leer, leer, leer…

Pero además o más bien por encima de todo lo demás, es necesario, creo, tener o exigirse a uno mismo la necesidad imperiosa y profunda de traspasar el alma, la necesidad de alcanzar la excelencia, para conseguir que el regalo que hagamos al entregar nuestro teatro, sea más puro y más cercano, más real y más palpable, más… para algo. Si no, ¿por qué hacemos esto, para qué hacemos todo, para qué hacemos, teatro? Revisemos solos y entre todos, cual es la poderosa necesidad de hacer esto que hacemos y devoremos la tarea que nos queda por hacer, desde el suspiro que provoca contemplar un instante el cielo de Almagro o desde la estocada de la luz en el pecho, o en la penumbra, quien sabe, pero con arrojo y sobretodo, como diría Borges, sin temor ni esperanza.

No creo, sinceramente, que pueda conseguirse de otro modo la alegría de la emoción ni la alegría de hacer teatro. Un teatro vivo, necesario, en presente, poderoso en toda su fragilidad, fugaz en su permanencia y en su penetración poética.

Para que esa sola y única vez que el teatro ocurre valga la pena, o más bien, valga la alegría, apostemos fuerte. Busquemos la necesidad sin pasar de puntillas. Al fin y al cabo, o al fin, la vida solo ocurre una vez, como el teatro. Indaguemos en esas junturas de la emoción, para hacer que esto que nos pasa, el teatro que nos traspasa, consiga, en lugar de pasar, posarse en alguien o mejor aún, en muchos.

Y de vez en cuando, o si van a La Veleta… deténganse un instante, solo uno, no a ver sino a mirar la luz del cielo de Almagro.

Beatriz Bergamín

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LA VELETA

 

Foto: Guillermo Casas

PABLO GÓMEZ-PANDO en: EL CUESTIONARIO más fresco de #Almagro38

Foto: Guillermo Casas

Foto: Guillermo Casas

 

Entre foto y foto, de ensayo en ensayo y entre una y otra función, contesta al vuelo nuestro refrescante cuestionario veraniego, el actor Pablo Gómez-Pando, que visita el Festival protagonizando “HAMLET” de Shakespeare con Cía. Teatro Clásico de Sevilla y bajo la dirección escénica de Alfonso Zurro, que además firma la versión.

 

PREGUNTA – ¿Recuerdas tu primera vez en el Festival?

RESPUESTA – Vine por primera vez con El Buscón, hace tres años, creo. Recuerdo la enorme emoción que sentí al actuar en el Corral de Comedias, fue una experiencia maravillosa, me sentí en comunión con todos los actores que a lo largo del tiempo han pasado por ese espacio, tan importante en la historia del teatro español. Un privilegio. Antes de la función, mientras me preparaba, recuerdo la penumbra de la parte de abajo del escenario y el silencio antes de la entrada de público.

P.- En el Festival nos atrevemos a ser felices. Y tú, ¿a qué te atreves?

R.- A todo. Sobre todo en el teatro, no tengo reparos. Me atrevo a todo pero desde la humildad y buscando la cercanía hacia mí mismo.

P.- ¿Podrías definir tu personaje en tres palabras?

R.- Inteligencia dañina y maravillosa.

P.- ¿Podrías definir la pieza “Hamlet” o lo que para ti es su esencia?

R.- Un viaje hacia el espejo en el que se refleja uno mismo.

P.- ¿Cuál es tu estrofa o verso preferido de la función?

R.- “Qué admirable obra es el hombre”.

P.- Si tu personaje fuera un animal, ¿cuál sería? 

R.-  Un lince.

P.- ¿Si fuera un color?

R.- Una mezcla increíble de colores.

P.- ¿Una comida?

R.- Carne cruda.

P.- ¿Si fuera un árbol?

R.- Un castaño.

P.- ¿Has alquilado bicicleta en Almagro?

R.Pues no.

 

#Almagro38

 

foto ZURRO

“IR CON HAMLET ES COMO IR AL GALOPE”

foto ZURRO

 

“LA CONTEMPORANEIDAD LA APORTA EL ESPECTADOR”

#Hamlet  #Alfonso Zurro  #Teatro Clásico de Sevilla #Almagro38. Un cóctel atractivísimo que a nadie dejará indiferente. Un estreno absoluto que nos ilusiona y conmueve. A tres días de enfrentarse por primera vez al público, con el escenario habitado de espejos, con las varas en tierra, los técnicos entregados al montaje y en el telar martillazos que parecen, desde lejos, campanadas medievales… charlamos entre butacas vacías, con Alfonso Zurro, que ha versionado el texto y lo dirige. En la Antigua Universidad Renacentista el tiempo queda sostenido en el aire. Por eso nosotros charlamos en bajito y a la espera de que  un caballo negro atraviese el espacio, al galope y sin respiro. ¿Será o no será, HAMLET?

POR BEATRIZ BERGAMÍN

 

PREGUNTA. – ¿Porqué HAMLET aquí y ahora?

RESPUESTA.- Sobretodo porque la compañía Teatro Clásico de Sevilla, que ya tiene muchos años de trayectoria, y cuyo objetivo fundamental es recuperar a los clásicos en Andalucía, desde hace mucho tiempo siente la necesidad de enfrentarse a un Shakespeare y ofrecérselo a los espectadores.

P.- ¿Pero porqué HAMLET y no otro título?

R.- El título lo pensamos entre todos, ellos dicen que fui yo quien lo eligió, pero yo no lo me recuerdo (risas).

P.- ¿Cual es su mirada hacia este HAMLET? ¿Se trata de una versión “pura” o más bien transformada, de la pieza de Shakespeare?

R.- Es muy pura. He dejado intacto el eje central del conflicto, solo he quitado lo externo. Al principio me planteé hacer un HAMLET más personal, cosa que nos pasa siempre a los dramaturgos cuando encaramos a Shakespeare, porque es tan grandioso que en él cabe todo. Se habló mucho de este tema y finalmente se decidió hacer un HAMLET muy HAMLET. Ya que hacemos un Shakespeare por primera vez y somos una compañía de teatro clásico – pensamos –  hagámoslo: clásico. Contiene una mirada personal, lógicamente, pero es una versión muy pura.

P.- ¿Esa mirada personal entonces, dónde se refleja? ¿En la puesta en escena, en el espacio que se recrea, en el tema, de los muchos que contiene HAMLET, que usted decide iluminar?

R.- HAMLET tiene tantas líneas, tantas posibilidades… yo he dejado prácticamente todas, pero quizá me haya interesado más por el tema de la ambición por el poder, que tiene Hamlet. Fundamentalmente he volcado mi mirada personal, en encontrar con Pablo Gómez-Pando, un Hamlet verdadero, de hoy en día, para que el espectador lo sienta como un amigo, con sus contradicciones, emociones, sus cambios inesperados. Un Hamlet real, cercano, que empatice con el espectador. En eso he profundizado muchísimo.

P.- ¿Y cómo es este amigo Hamlet que usted y Pablo han descubierto?

R.- Es pasional y su cabeza va muy rápido. Ir con Hamlet es como ir al galope, no puedes detenerte, ni recrearte, y si lo haces todo resulta artificioso.

P.- ¿La naturalidad, la verdad, está en saber y querer acompañarlo en ese galope?

R.- Sí, sentir las palabras, los cambios de ánimo, las emociones…todo lo que va pasando a través de él tiene que traspasarse al público e ir pasándole al mismo tiempo a Hamlet y al espectador.

P.- Ser o no ser. ¿Desde dónde hacer esta gran pregunta?

R.- Yo creo que el soliloquio del ser o ser, como todos los de HAMLET, fueron incorporados al texto después de haber sido escrita toda la pieza, una vez terminada. Si los cambias de lugar siguen funcionando igual.

P.- ¿Como si fueran paréntesis?

R.- Exacto, como pensamientos del personaje que no tienen continuidad ni progresión dramática. Ese concretamente nosotros lo hemos situado después de la muerte de Claudio, con lo cual Hamlet lo dice desde la culpa, con remordimiento y también en la duda de tomar o no tomar la decisión de suicidarse, cosa que está en el texto. Ser o no ser: desaparecer o no desaparecer.

P.- Aparecer o ser, desaparecer o no ser…serían también conceptos que tienen que ver con la sociedad en la que vivimos, en la que nos exponemos y nos transparentamos a través de las redes y al mismo tiempo nos ocultamos, dejamos de relacionarnos con los otros pero todos los otros nos miran. ¿Algo de todo esto hay en su HAMLET, rodeado de espejos, encerrado y reflejado, al tiempo?

R.- Hemos hablado mucho de ese tema, Curt Allen Wilmer – diseñador de la escenografía y el vestuario- y yo, al plantear el espacio. Empezamos con la idea del encerramiento de Hamlet, de su sensación de poder vivir dentro de una cáscara de nuez y ser el rey del universo. Por eso quisimos crear un espacio cerrado y lleno de espejos, un mundo propio y personal en el que al mismo tiempo Hamlet está aprisionado y siendo observado, vigilado, controlado. Como ocurre hoy en día, con todas esas cámaras que nos miran. Por eso este espacio hermético y al tiempo abierto o expuesto y controlado.

P.- ¿Un HAMLET clásico encerrado en un mundo contemporáneo, o al contrario?

R.- Yo no creo que haya teatro clásico y teatro contemporáneo, creo que hay teatro, sin más. Creo que la contemporaneidad de los espectáculos siempre la aporta el público. Es el ojo del espectador, que mira desde su presente, quien aporta lo contemporáneo, porque quiera o no quiera, no puede escapar de relacionar lo que está viendo en escena, con recuerdos, emociones o vivencias propias, o hechos o sucesos cercanos. Para mí lo contemporáneo es el espectador.

P.- ¿Un espectador activo, es decir, creativo?

R.- Sí, que pueda imaginar. El espectador ha de ser creativo, no es necesario darle todo hecho ni explicarle nada, el espectador imagina palacios, castillos… donde no los hay, y hace por sí solo la relación entre el teatro y la vida. El teatro es un espacio para la imaginación.

P.- No es necesaria demasiada imaginación para relacionar temas que preocupan a Hamlet, como la ambición, la corrupción, el poder, la virtud… con nuestra actualidad, ¿no cree?

R.- Claro, la corrupción de la que habla Hamlet no puede ser más contemporánea. “En estos tiempos de corrupción, la virtud tiene que pedir perdón al vicio”, dice Hamlet. No hay duda que esto le va a llegar a cualquier español hoy en día. Para mí es muy importante que la historia quede bien contada. Siempre me ha preocupado, como dramaturgo y como director, el hecho de que pensemos tanto en nosotros mismos y no mucho en el espectador, por eso pongo empeño en que la historia llegue bien al espectador, a pesar de la complejidad del texto. Pero al mismo tiempo es necesario que conserve toda la belleza de la palabra. Y hacer este ejercicio a través de la verdad, en la interpretación, con las acciones y las emociones de los actores.

P.- ¿Es ésta su necesidad más poderosa, el objetivo con el que dirige HAMLET?

R.- Si, y es la misma necesidad que tiene Teatro Clásico de Sevilla: hacer un HAMLET hermoso, claro, limpio, para los espectadores, por ellos, para ellos, hacer un Shakespeare con toda la sinceridad del mundo, con toda la verdad y toda la belleza posible.

P.- ¿Qué placer ha descubierto o le ha sorprendido en este viaje al lado de Hamlet?

R.- Que nunca terminas de comprenderlo, que es caleidoscópico, complejo, que resulta inabarcable, y que por eso mismo se ha representado tantas veces y seguiremos representándolo, siempre. Que por eso mismo es maravilloso y atrapa, tanto al creador como al espectador.

P.- El misterio…

R.- El misterio y el cuento.

 

El dramaturgo y director Alfonso Zurro (Salamanca 1953) desde hace más de 20 vinculado profesionalmente a Sevilla, ha colaborado con Teatro Clásico de Sevilla, compañía fundada hace 12 años por Juan Montilla y Noelia Díez, en cuatro producciones anteriores, además de HAMLET, siendo la más reciente La estrella de Sevilla. Director de prestigio internacional, dramaturgo y profesor, cuenta con más de 40 puestas en escena, tanto de textos propios, como versiones o piezas de grandes autores.

Guillermo Casas

La vuelta a Almagro 2015

Guillermo Casas

Fotografía: Guillermo Casas

“Quien monta en bici es mi amigo”

Gary Fisher

Al principio no quería depender de ella, creí que era innecesaria y que sólo sería una atadura. Pero con los adoquines y el calor no tuve opción y en cuanto llegué al pueblo me vi en medio de decenas de ellas y tuve que elegir una.

En el garaje de Manolo, un mecánico con muchos años encima y bicicletero eterno, me invita a pasar al templo de la bici. Eran tantas que no podía decidirme. Miles de lunares de colores repartidos por sus cuadros, distintas épocas, ruedas grandes y pequeñas, para niños, para señoras,  distintas todas, sillines de todo tipo, con y sin cesta, de paseo, de montaña, muchísimas diferentes y cada una con su personalidad.

De pronto la vi: ¡Esa! Ella será mi compañera de camino.

Lunares de colores atrevidos comenzaron a vestir las calles anunciando la llegada del Festival.

Ella ha sido testigo de cada una de las personas que día a día llegan ilusionadas a ser parte de esta fiesta del teatro.

Procuro dejarla donde pueda percatarse de cada persona que entra. Oye todo, ve todo. No puede disfrutar de las obras, pero esa es su labor: esperarme atenta para el siguiente recorrido, esperarme bajo los árboles de La Veleta junto al sonido del agua después de haber pasado mucho calor en ese tramo muy manchego entre la taquilla y La Veleta, esperarme junto al imponente muro de la Antigua Universidad Renacentista, para luego adentrarnos en el pequeño gran mundo de los niños en el Teatro Municipal, esperarme a pleno sol atada a la ventana de la taquilla mientras retiro invitaciones que luego llevaremos al espacio Miguel Narros donde podrá tomar un poco el fresco mientras me espera aparcada en el pradillo…por fin algo de sombra y de brisa natural, esperarme en la plaza a que cene algo rápido atada a su farola favorita (la que está frente al Corral de comedias) porque desde ahí se entera de todo lo que ocurre, gente charlando haciendo tiempo para su próxima aventura  teatral o esos niños que recorren la plaza jugando y riendo, y esperarme al final de cada función para volar juntas al siguiente espacio escénico y observar a otras gentes, oír otros comentarios, y a la salida enterarse de nuevas opiniones.

El público entra al teatro de una forma y cuando sale se ha modificado, más o menos, emocionado o pensativo, señoras recordando el texto que les sacó la risa del día y les movió hasta el peinado, ojos perdidos en el horizonte procesando el final de la obra, sonrisas de ilusión, algunos quieren repetir, otros muy clásicos quedan patidifusos  por alguna propuesta un poco moderna, otros con programa en mano ya quieren más teatro. Al finalizar la función, sin duda, cada uno ha cambiado y mi chica vestida de lunares es fiel testigo de ello.

Los primeros días detenemos la bici cada pocos metros para saludar a los que hace un año te vieron deambular por los mágicos pasadizos del pueblo.

Quieren saber cómo estás, qué ha sido de tu invierno, cómo fue el regreso a tu país, y siempre termina la conversación pidiendo un programa para ver lo que nos espera en esta nueva edición. Y es tanto el cariño y la ilusión de la gente del pueblo, que en un par de días sientes que llevas toda la vida en Almagro. Un efusivo “Adiós” con sonrisa grande incluida da pie para volver a la bici y seguir de camino por alguno de los atajos que te llevan, cual Alicia, a los diferentes espacios escénicos.

Vamos juntas, muy juntas deslizándonos veloces para fabricarnos brisa y engañar al calor. Y cuando me cruzo por las calles con alguna de sus primas coloridas,  saludo  al conductor o la conductora. Seguro que ellas comparten  algún código secreto con el que se desean buen día, o ánimo con el calor, o cruzarán simplemente una sonrisa…pues aunque no compartas el espacio de trabajo con ellos, sabes que son las bicis del Festival, por lo tanto somos compañeros de equipo. Luego te las encuentras aparcaditas en grupo: compañías, técnicos, sastras, acomodadores, voluntarios, los amigos de producción… y así vamos tiñendo el pueblo dando señal de que el Festival está ocurriendo, que cada uno junto a su compañera de ruta añade un hilo con el que va tejiendo  la magia para que el público pueda disfrutar cada una de las sorpresas que ofrece Almagro en festival.

Nuestras bicis, inseparables compañeras, que así como Don Quijote con Rocinante, viajaban por muchos caminos armando fantasías, nosotros y nuestras compañeras recorremos el pueblo construyendo realidades que por las noches se transformarán en ficción, en teatro, reviviendo cada noche los clásicos, venidos de diferentes partes del mundo, y transformando a una simple bicicleta en parte fundamental del decorado del pueblo en cada edición.

Al principio no quería depender de ella, ahora me declaro ciclista en Festival.

Javiera Guillén

foto Fernando Cayo

FERNANDO CAYO en: EL CUESTIONARIO más fresco de #Almagro38

foto Fernando Cayo

Contesta al vuelo nuestro refrescante cuestionario veraniego, el actor Fernando Cayo, que visita el Festival con “El Príncipe” de Maquiavelo por Cía. TALYCUAL Producciones. Con dramaturgia y dirección de Juan Carlos Rubio.

 

PREGUNTA – ¿Recuerdas tu primera vez en el Festival?

RESPUESTA – Vine con la Compañía Nacional de Teatro Clásico, con Peribáñez o el comendador de Ocaña dirigido por José Luis Alonso de Santos. Recuerdo especialmente los atardeceres y amaneceres de Almagro

P.- ¿Qué es lo que más te gusta del FITCA?

R.- Que es un dinamizador bestial del teatro clásico y también de la vida de Almagro. Es un ejemplo a seguir.

P.- En el Festival nos atrevemos a ser felices. Y tú, ¿a qué te atreves?

R.- A todo. Ponme un reto y me subo al caballo.

P.- ¿Podrías definir tu personaje en tres palabras?

R.- Dignidad. Cinismo. Frustración.

P.- ¿Podrías definir la función “El príncipe” en dos palabras?

R.- Intimidad y poder.

P.- ¿En qué te alejas tú, Fernando, o te diferencias, de Maquiavelo? ¿En qué sientes que te acercas más a él?

R.- Me alejo en la sabiduría política que tiene Maquiavelo, que yo desde luego no poseo. Me acerco en su energía por intentar encontrar un sitio en el mundo.

P.- ¿Cuál es tu estrofa o verso preferido de la función?

R.- “La naturaleza nos ha constituido de tal manera que podemos desearlo todo pero no podemos conseguirlo todo.

P.- Si tu personaje fuera un animal, ¿cuál sería?

R.- El zorro.

P.- ¿Si fuera un color?

R.- El azul.

P.- ¿Una comida?

R.- El caviar.

P.- ¿Si fuera un árbol?

R.- El roble.

P.- ¿Qué esperas o qué desearías que pasara, en la presentación en el Festival de “El príncipe”?

R.- Espero sentir la energía, el pálpito de los espectadores en el Corral de Comedias. Concentración, emoción y diversión.

P.- ¿Eres feliz?

R.- Mucho.

P.- ¿Has alquilado bicicleta en Almagro?

R.En ésta ocasión no me ha dado tiempo. Lo que sí he hecho mucho por aquí, cuando he estado más tiempo, es salir a correr.

 

#Almagro38

foto 1 la Tempestad

Sobre la tempestad, una isla y el perdón…

foto 1 la Tempestad

¿Si tuvieras que irte o fueras desterrado a una isla desierta, qué llevarías contigo?

Un libro, una colchoneta inflable, un reloj, un paraguas, una linterna, un sombrero, un poema, una pistola… pero, ¿te has preguntado alguna vez cuáles son las cosas que no querrías llevarte? ¿Qué harías para no llevar contigo lo inevitable, lo desterrado, lo pasado, aquello que tanto deseas olvidar, aquello que está en ti y te conforma incluso a tu pesar? Todo tú eres lo inevitable. Hay un espacio en ti que ocupan tus sueños y otro espacio que ya ha sido invadido, te guste o no, por la tormenta y por el barro. Y hay en ti pedazos de pasado que gritan por ser desenterrados y hay fragmentos de ti en lo frágil y en lo delicado que no volverán jamás, aunque los llames. En ti está tu pasado y la esperanza, en ti el odio y la piedad, en ti el amor y el miedo, en ti la vida toda que te ocupa y por supuesto en ti: tus preguntas. Y el tiempo que te traspasa, tu tiempo, el que has gastado y el que está esperándote… o no. Tiempo circular que gira en ti, aquí y ahora, ayer, mañana o cuando escapes o cuando te escupan, de pronto y sin remedio, cuando caigas en esa inmensa isla que eres tú. Entonces, ¿qué harías? ¿Cómo escapar sin ti, si hay algo en ti que no te gusta, si no quieres llevarte… si hubiera algo en ti de lo que perdonarte o perdonarse?

Si no puedes llevarte lo tocable – que es casi siempre lo primero en lo que uno piensa  ante esa pregunta provocadora o absurda, sobre el poder o el querer largarse a una isla desierta y así desaparecerse -, ¿por qué no llevarse lo intangible? Lo imaginario, lo sobrenatural que hay en ti. Así hizo Próspero, que para escapar del dolor humano, de la traición de un hermano, decidió aprender lo mágico y hacerse dueño de una corte invisible de espíritus intocables.

¿Qué harías tú, para abordar tu nueva y corta o larga vida en esa isla desierta, en esa hermosísima y triste isla que eres tú mismo traicionado, abandonado, desterrado, solo de ti mismo y solo de tu soledad acompañado, pero además, encerrado en un círculo?

Círculo de la vida, tiempo en círculo que no empieza ni termina jamás. Círculo que somos todos y que en el círculo – circo–   del teatro, se acrecienta, al concebirse espacialmente como lo hizo Shakespeare en The Globe. Círculo construido de la materia de los sueños de los que parte Shakespeare en El sueño de una noche de verano y a los que regresa en La Tempestad. Extraordinaria pero humana tempestad que bullía en su miedo y afloraba a su palabra, que pobló su teatro isabelino y lo llenó de sangre en Othelo, en Macbeth…Y que al final de su vida –vida rota el mismo año en que terminaba la vida de Cervantes–  se transforma en tempestad prodigiosa y mágica o antinatural. Tempestad que ante la muerte enciende su profunda verdad y la libera, la despoja de sangre y la inunda de sueño, y prende su palabra hacia luz. Teatro que no aprende por arte de magia, sino por arte del hombre, del poeta, y por entregarse al arrojo de quedarse solo, o casi, dentro de esa isla que somos todos inevitablemente, todos y cada uno de nosotros, solos con nuestra culpa, solos ante el amor, ante la muerte, ante el destino y ante la decisión, o no, de ser feliz.

Shakespeare, como hace Próspero, primero se enfurece para luego poder ensimismarse, primero provoca la tormenta para luego reflexionar desde la calma y durante la calma, sobre el tiempo, la traición, el miedo, el dolor, el odio, la verdad y la nada. El mago, como Shakespeare, abandona la magia, abandona el teatro, para encontrarse a sí mismo en lo natural. Se adentra en el hombre más todavía de lo que ya lo había hecho  –y lo había hecho extraordinariamente –. Para hablar del hombre primero lo hace mago y sólo cuando lo despoja de la magia, de lo sobrenatural, cuando lo naturaliza, lo hace humano y además le otorga el sabio poder – cristiano y humano poder – de saber perdonar y perdonarse. Próspero perdona, pero no sólo a los que trastocaron su destino, se perdona a sí mismo, y en esa capacidad humana de transparencia, regresa al sueño de la vida, regresa al niño, atraviesa el círculo y lo cierra y solo entonces su tempestad, reposa.

El Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en su 38 Edición, se ha inundado de colores gracias a La Tempestad de Cía. Voadora con dirección de María Pazos. Intensa, física, plástica, musical, atípica, valiente tempestad concebida desde la alegría y con la potencia de un oleaje gallego y universal, impregnado de penetrante amor y como no, de traiciones encarnizadas.

Beatriz Bergamín

 

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JAVIER COLLADO en: EL CUESTIONARIO más fresco de #Almagro38

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Se asoma a nuestro cuestionario el actor Javier Collado que visita el Festival con “Mujeres y Criados” de Lope de Vega, Cía. Fundación Siglo de Oro (Rakatá). Ampliamos con él esta sección de breves y refrescantes entrevistas que iremos publicando a modo de Entremés.

 

PREGUNTA – ¿Recuerdas tu primera vez en el Festival?

RESPUESTA – Yo tenía seis años y mi madre hacía El galán fantasma en el Corral de Comedias. Al final de la función yo siempre salía de la trampilla del teatro, después de los aplausos. Mi madre me abrazaba y me llevaba al camerino. Pero el primer día de función vino como espectador Leopoldo Calvo-Sotelo, por entonces Presidente de Gobierno, y el Corral fue tomado por la Guardia Civil. Cuando salí por la trampilla, veinte metralletas me apuntaron a la cabeza. Esa fue mi primera experiencia en el Festival. De armas tomar.

P.- Puro teatro. ¿Quién y cómo eres en Mujeres y Criados?

R.- Soy Claridán, un galán muy cerebral, un payaso blanco que confía en el amor de las mujeres pero no tanto en sí mismo; que se deja llevar por las circunstancias y que al final de la función, se torna algo rebelde.

P.- ¿Tiene arrojo? ¿Se atreve?

R.- Si, al principio prefiere hacer las cosas tranquilamente pero finalmente se la juega, apuesta fuerte.

P.- Y tú, ¿a qué te atreves?

R.- Me atrevo a casi todo, me tiro a la piscina, a nivel personal y profesiona

P.- Define verano…en tres palabras.

R.- Calor. Relax. Hacer.

P.- Define el Festival en dos palabras…

R.- Calor. Disfrute.

P.- ¿Cuál es tu estrofa o verso preferido de la función?

R.- Si del servir tal vez hay mal galardón, sigamos nuestra fortuna, pues no hay que esperar        ninguna si se pierde la ocasión.

P.- Si tu personaje fuera un animal, ¿cuál sería?

R.- Un chimpancé, por lo inteligente

P.- ¿Si fuera un color?

R.- Azul.

P.- ¿Una comida?

R.- Pisto manchego.

P.- ¿Qué esperas o qué desearías que pasara, en la presentación en el Festival de Mujeres y Criados?

R.- Tengo ganas de conocer un espacio que es nuevo para mí y quiero que guste la función, por encima de todo.

P.- ¿Has alquilado bicicleta en Almagro?

R.He estado a punto de traer la mía que es eléctrica, pero finalmente no he podido. Quizá alquile una, porque vivo en Bolaños.

#Almagro38