Espacio

Parador de Almagro

Fechas

03 julio-26 julio
De lunes a sábado
10.00—14.00h y 17.00—20.00h
Domingos y festivos
11.00—14.00h y 17.00—20.00h
Lunes - domingo

Exposiciones

Celebrar los treinta años de El perro del hortelano en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro supone reencontrarse con una de esas obras que ampliaron para siempre la mirada sobre los clásicos. La película de Pilar Miró no solo trasladó a Lope de Vega a la gran pantalla, sino que demostró que el teatro clásico podía dialogar con el cine desde la belleza, la inteligencia y una ambición cultural profundamente contemporánea.

Contemplar parte del extraordinario vestuario creado por Pedro Moreno permite adentrarse en una de las arquitecturas visuales más memorables de nuestro cine. Cada pieza conserva la belleza, la precisión y la potencia estética de una obra irrepetible. Y al volver sobre El perro del hortelano, resulta inevitable recordar que aquella película abrió también el horizonte de una ambición mayor: la trilogía con la que Pilar Miró soñó seguir llevando el teatro clásico español a la gran pantalla. Ese proyecto quedó suspendido, como quedan a veces los grandes sueños culturales, en un territorio de espera. Quizá recordarlo hoy sea también una forma de volver a señalar su necesidad y de invitar a que esa visión pendiente encuentre, algún día, nuevas posibilidades de hacerse realidad.

La presencia de Pedro Moreno convierte esta celebración en una experiencia aún más excepcional. Su mirada continúa orientada hacia el porvenir con la misma intensidad con la que durante décadas ha estudiado tejidos, cuerpos, espacios y personajes. Sigue atento a las generaciones más jóvenes, a sus lenguajes, a sus incertidumbres y a las transformaciones de un mundo en permanente cambio. Las exposiciones, la pintura, la música, el dibujo, el teatro o la danza continúan siendo para él territorios de aprendizaje, lugares donde seguir formulando preguntas nuevas.

Hay en su pensamiento una mezcla admirable de maestría y curiosidad, de solidez y búsqueda. La experiencia no ha apagado su incertidumbre, sino que la ha convertido en una forma de curiosidad insaciable. Pedro Moreno sigue acercándose al arte con la humildad de quien sabe que dominar un lenguaje nunca significa dejar de reinventarlo.

Por eso su paso por Almagro trasciende la conmemoración. Supone compartir la presencia de un creador que no solo forma parte de nuestra memoria cultural, sino que sigue interrogando el presente con una sensibilidad plenamente viva.

Celebramos una película irrepetible, celebramos un vestuario que ya pertenece a la historia del cine español, pero sobre todo celebramos a Pedro Moreno, cuya mayor obra quizá resida en la elegancia con la que camina por el mundo, descifrando incansablemente toda forma de belleza.