Espacio

Palacio de Villarreal

Fechas

03 julio-26 julio
Abierta al público 30 min. antes del comienzo de las funciones en el espacio.

Exposiciones

Esa sensación tan precisa de provocar en alguien la chispa para que imagine un universo que tú intuías y que, al hacerlo, lo amplíe, lo desplace y lo complete describe perfectamente cómo ha sido trabajar con Judit Canela, donde una idea inicial —el juego, la baraja, el laberinto, el espíritu del lugar— toma forma en un lenguaje visual que permite pensar y mirar al mismo tiempo.
El punto de partida está en un hallazgo que también es una forma de leer: el Corral de Comedias de Almagro se reconoce como teatro a partir de una baraja enterrada. Un objeto cotidiano que, al aparecer, activa la memoria del lugar y ofrece una manera de entenderlo.
En esa baraja se organizaba el mundo. Los palos representaban los estamentos que sostenían la vida en común. Hoy los leemos como fuerzas que siguen presentes: los oros sitúan el valor y el deseo; las espadas introducen el conflicto; las copas convocan el encuentro; los bastos sostienen lo cotidiano. Las figuras —Rey, Caballo y Sota— marcan posiciones desde las que situarse y aprender a leer la partida.
A partir de ahí, Judit Canela transforma esas figuras en un conjunto de piezas que, al relacionarse entre sí, construyen un sistema en el que cada imagen encuentra su lugar. Esa misma forma de mirar atraviesa el Festival, donde cada elección dibuja su propio recorrido. El cartel lo recoge como un mapa en el que las piezas se enlazan y forman un laberinto que solo existe al ser atravesado.
Genius loci propone así una manera de leer y habitar Almagro en la que el sentido aparece en lo que sucede entre las imágenes y en la mirada de quien las cruza. ¿Hasta dónde quieres jugar? ¿Qué camino eliges, vuelves atrás, avanzas? En ese recorrido, casi sin darte cuenta, el lugar empieza a mirarte también a ti. Son los espíritus del Corral, que siempre han estado ahí. Y por un instante, sientes que te reconocen. Sin saber cómo, ya formas parte de ellos.

Judit Canela
Barcelona, 1985
Dibujar es una forma de ordenar el mundo.
Judit Canela crece dibujando. Horas en silencio, en un rincón, mientras a su alrededor transcurre la vida. Recuerda veranos enteros acompañando a su abuela, profesora de bridge, que daba clase y organizaba partidas mientras ella, apartada, llenaba papeles. No hacía falta nada más. Ese gesto, repetido en el tiempo, permanece hoy en el centro de su práctica.
Se forma en Comunicación Audiovisual en la Universitat Pompeu Fabra, atraída por la narración, por la posibilidad de pensar una historia y darle forma. Muy pronto reconoce que su lugar está en la imagen detenida, en la síntesis, en ese instante donde una idea encuentra su forma más precisa.
“Ilustrar es poner luz a una idea…”
La ilustración aparece entonces como un regreso consciente, un desplazamiento hacia un lenguaje donde narrar consiste en elegir, en reducir y en decidir qué permanece.
Su paso por la Escola Massana y su encuentro con la ilustradora Àfrica Fanlo resultan decisivos, al descubrir que ilustrar implica iluminar un contenido y encontrar la forma justa para hacerlo visible, desplazando el centro de su trabajo hacia la construcción de sentido.
Completa su formación en diseño editorial en BAU, incorporando una atención rigurosa a la composición, de modo que ilustración y diseño operan desde entonces dentro de una misma lógica.
Su práctica encuentra un equilibrio constante entre encargos profesionales y una investigación personal en la que las formas se depuran hasta alcanzar una claridad esencial.
En ese proceso, la geometría ordena y relaciona, permitiendo que las imágenes se construyan como estructuras donde cada elemento ocupa un lugar preciso, mientras la figuración se simplifica y se abre, y el color introduce ritmo, establece vínculos y equilibra el conjunto.
Arquitectura, danza, cine y cultura japonesa atraviesan su universo visual, que mantiene una atención constante al movimiento y a la relación entre los elementos, como si cada imagen contuviera una coreografía en pausa.
Hay en su trabajo una conexión directa con lo cotidiano, donde un gesto o un objeto bastan para activar una imagen, en una cercanía que convive con una voluntad de síntesis.
A lo largo de su trayectoria ha desarrollado también proyectos vinculados a contextos sociales concretos, entendiendo la imagen como una forma de comunicación capaz de aportar y de situarse en relación con otros.
Trabaja en Barcelona. Empieza el día con un café, casi siempre en el mismo lugar, antes de llegar al estudio. Dibuja, ajusta, elimina, vuelve a empezar.

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