Espacio

Corral de Comedias

Fechas

03 julio
20.30h

Duración

60 min.
Entrada con invitación

Premios y homenajes

Audiencia:

El arte del Siglo de Oro sigue resonando en nuestra escena de formas insospechadas. No siempre se alza en el verso o en el diálogo; a veces habita en una imagen, en un gesto o en un cuerpo que habla sin palabras. Esta tradición, que unió lo culto y lo popular, ha perdurado gracias a quienes han sabido interpretarla, transformarla y darle una nueva vida. Así, entre la danza, el movimiento y la música, emerge una corriente continua que cruza el tiempo.

¿Dónde nace esa corriente? Se dice que los bailes de candil, con sus castañuelas, zapateados y guitarras; su reinterpretación gitana en el siglo XIX; y la tradición teatral del baile—las danzas de las jácaras y entremeses del Siglo de Oro, los sainetes y tonadillas del siglo XVIII y el sainete andaluz de la primera mitad del XIX—podrían entenderse en clave «preflamenca». En esos ecos de la historia, en esa danza que trasciende el tiempo, hay figuras que han sabido encarnar ese espíritu y convertirlo en arte vivo.

Una línea tan firme como invisible se dibuja en la escena desde el siglo XVI, entrelazando baile y teatro al compás de la música y el movimiento de los cuerpos. Su trazo pervive en el siglo XX, en Falla y en Federico, quien, con La Barraca, difundió la letra del Siglo de Oro y reinterpretó los grandes temas trágicos con la estilización poética de su Andalucía, de su palabra, su música y su baile. Tradición culta y popular unidas, nuevamente.

Cristina Hoyos es heredera de ese legado. Como Lorca, bebe de la tradición para traer al presente los dilemas del honor, el destino y la pasión. Su danza trasciende la mera representación; es una traducción viva de la emoción barroca, un poema en acción donde cada giro y cada pausa resuenan con la intensidad de la escena clásica.

Por eso, este año el Premio Corral de Comedias celebra su trayectoria. Bailarina habitada por el arte, investigadora del cuerpo en movimiento, rigurosa creadora en las tablas, luchadora en la escena y en la vida. Un referente incuestionable de la danza española.
Hoyos comenzó a bailar a los doce años. Nueva York, Sevilla, Madrid… Sus primeros pasos la llevaron por los tablaos, donde se formó y forjó su estilo. En 1969, su encuentro con Antonio Gades marcó para siempre su carrera. Juntos fueron pareja artística durante dos décadas. En el teatro y en el cine, bajo la dirección de Carlos Saura, crearon entre 1980 y 1986 Bodas de sangre, Carmen y El amor brujo, coreografías que ya forman parte de la historia de oro de la danza española.

En 1989 presentó Sueños flamencos con su propia compañía, el Ballet Cristina Hoyos. Después vendrían, entre otros, Yerma y Lo flamenco en la Expo de Sevilla; Arsa y toma, en la Ópera de Avignon, en 1996; Tierra adentro en 2002 y, ese mismo año, el documental sobre su trayectoria: Despacito y al compás. Durante quince años, el Ballet Cristina Hoyos recorrió teatros de todo el mundo.

Al frente del Ballet Flamenco de Andalucía desde 2003 firmó diversas coreografías, entre ellas Yerma, Viaje al sur, Romancero Gitano y Poema del Cante Jondo en el Café de Chinitas. En 2006 creó en Sevilla el Museo del Baile Flamenco.

Los premios y reconocimientos a Cristina Hoyos son numerosos: Premio Nacional de Danza (1991), Medalla de Oro de Andalucía (1991), Medalla de Oro de las Bellas Artes (1992), Caballero de la Orden de las Artes y las Letras del Gobierno Francés (1997), dos Premios Max a la Mejor Intérprete Femenina de Danza (2000 y 2004), Miembro de Honor de la Academia de Artes Escénicas de España, Hija Predilecta de Sevilla y, en 2017, Embajadora Mundial de la Danza por la UNESCO.

Con este premio reconocemos una tradición de siglos que se recoge en las creaciones de Cristina Hoyos. Una tradición que bien podría definirse con las palabras con que Federico aludía al duende: una cuestión «de sangre; es decir, de viejísima cultura, de creación en acto».

Gracias, Cristina Hoyos.

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