Espacio

Corral de Comedias

Fechas

13 julio
20.30h

Duración

60 min.
Juanjo Ortega

Audiencia:

Nacida en Burgos, ciudad a la que la vida la ha devuelto con el tiempo, Elisa Sanz comenzó su camino con el deseo de ser actriz, aunque pronto encontró en la escenografía un lugar más cercano a su manera de mirar. Al recordar sus inicios, vuelve siempre a una figura esencial, la de su maestro José Luis Raymon, y a aquellas primeras imágenes descubiertas en libros, en un tiempo sin inmediatez, en el que cada hallazgo tenía algo de revelación.
Licenciada en Escenografía por la Real Escuela Superior de Arte Dramático, con formación en Londres y Utrecht, acumula más de treinta años de profesión y más de doscientos espectáculos estrenados en teatro, danza, ópera y musical. A lo largo de este tiempo ha trabajado con algunos de los nombres más relevantes de la escena contemporánea, como Lluís Homar, Juan Mayorga, Pablo Messiez, Daniel Veronese, Lautaro Perotti, Natalia Menéndez, Ainhoa Amestoy, Eva Romero o José Luis Gómez, así como con coreógrafos y compañías como Enrique Cabrera en Aracaladanza, Alicia Soto o Daniel Doña.
Su trabajo ha sido reconocido con ocho Premios Max de las Artes Escénicas —cuatro al mejor espacio escénico y cuatro al mejor vestuario—, además de doce nominaciones, el Premio Talía de la Academia de las Artes Escénicas de España, el Premio Adrià Gual de figurinismo y varios Premios FETEN.
Ha sido regidora, técnica, ha acompañado giras, ha trabajado desde dentro de los equipos. Ese conocimiento le permite pensar cada proyecto no solo desde la forma, sino desde el funcionamiento real de la escena y de quienes la hacen posible. Su labor pedagógica, constante a lo largo de los años, la ha convertido también en una figura de referencia para nuevas generaciones de profesionales de la plástica escénica.
Desde ahí insiste en algo que parece sencillo y no lo es, nombrar. Poner en los carteles, en los programas, en la conversación, las palabras escenografía, vestuario, iluminación. Hacer visibles los oficios que sostienen lo que ocurre sobre el escenario. Porque nombrar es reconocer, y reconocer es también una forma de cuidado. Defiende ese lugar desde la Asociación de Artistas Plásticos Escénicos y Audiovisuales de España, de la que es impulsora, trabajando junto a otros colegas para dar visibilidad y dignidad a estas profesiones en un contexto cada vez más frágil.
¿Qué significa el Festival de Almagro para Elisa Sanz? Y, sobre todo, ¿qué significa Elisa para nosotros? Llegó un día y se quedó, como se quedan las personas que encuentran un lugar al que ya pertenecen. Desde entonces, ha acompañado al Festival en distintos ámbitos, de la responsabilidad técnica a la creación, y su trabajo en escenografía y vestuario forma parte de muchas de las obras que han dado forma a esta cita. Y el Festival se llena de energía cuando Elisa aparece en la Plaza Mayor.
El año pasado tuvimos el privilegio de verla crear en directo con Honra, una acción escénica que partía de una pregunta incómoda, cómo pensar hoy la honra en las mujeres del Siglo de Oro. Sobre el escenario, en tiempo real, fue construyendo un traje que no estaba destinado a ser vestido, sino a activar una reflexión. A partir de textos de Itziar Pascual, ese cuerpo se componía y se transformaba, dejando ver una manera de entender la escena en la que el vestuario deja de acompañar para convertirse en pensamiento.
Su proceso de creación empieza en soledad, en ese tiempo en el que ordena ideas, imágenes y materiales hasta que algo empieza a tomar forma. Necesita trabajar con las manos, tocar los materiales, probarlos, dejar que hablen antes de decidir. La maqueta es ese primer lugar donde todo sucede, donde el espacio se ensaya antes de crecer, y en el vestuario es muchas veces la propia tela la que define al personaje. Sus manos, marcadas por el trabajo, son la mejor prueba de su forma de crear.
Después llega el trabajo con los equipos, el intercambio, esa partitura que se construye entre varios y que hace posible que la idea se despliegue.
Ese recorrido encuentra ahora una nueva proyección en su designación como comisaria del pabellón español en la Cuatrienal de Praga 2027, una de las grandes citas internacionales de la plástica escénica. Este encargo le permite dar a conocer al mundo la calidad de las propuestas escénicas que hoy se desarrollan en España, poniendo el foco en quienes tantas veces permanecen fuera del relato visible, escenógrafos, figurinistas, iluminadores, profesionales imprescindibles cuyo trabajo sostiene la escena.
La Cuatrienal propone pensar el silencio como espacio de posibilidad.
Y ahí, en ese lugar, Elisa sabe estar.
En ese momento en el que el teatro está vacío, a punto de estrenar, y ella se sienta sola en el patio de butacas, respirando al ritmo de la escenografía, cuando todo queda suspendido, ese silencio deja de ser ausencia y se convierte en el lugar donde todo puede suceder.